sábado, 4 de abril de 2020

PANORAMA ATERRADOR


Cuando el bello Pedro y el desaliñado Pablo alcanzaron el vergonzoso pacto del abrazo para formar un gobierno de pesadilla (según el propio Sánchez había reconocido durante la campaña electoral) escribí por alguna parte “las izquierdas se unen para arruinar de nuevo a España.”

De que la aventura izquierdista acabaría llevando otra vez al país a la ruina estaba seguro, porque es lo que reiteradamente ha ocurrido en nuestra historia (también escribí que el español es el único animal que tropieza todas las veces que haga falta en la misma piedra). Lo que no podía prever es que lo haría tan pronto y tan profundamente.

Lo que está ocurriendo en España no es una fatalidad del destino, ni fruto de una maldición bíblica o un revés de fortuna. Ocurre por tener el peor gobierno de nuestra historia reciente (mira que ZP dejó el listón alto) ante un problema de dimensiones desconocidas hasta la fecha.

Que no se escuden en el “¡¡cómo se iba a saber!!”, porque se sabía (no había más que mirar a la cercana Italia). Que no se escuden en los recortes de Rajoy (para recorte el cierre del Hospital Militar de Sevilla) porque es ahora, desde el mes de enero, cuando tenían que haberse hecho los aprovisionamientos de material de protección y de test. Que no se escuden en los técnicos, cuando siguen confiando (y confiándonos a él, que es lo grave) en el tal Simón, que decía que aquí la incidencia iba a ser mínima, y al que tenemos que seguir aguantando que cada día nos informe de por dónde va ya la cifra de muertos, incluso ahora que él también está infectado.

La pandemia, como su propio nombre indica, es global. Pero la gestión catastrófica de la misma lleva indiscutiblemente la marca España, gracias a este ejecutivo incompetente, conformado sólo bajo el criterio de repartir sillones entre las dos fuerzas coaligadas y donde la capacidad y la inteligencia ni están ni se les espera.

El panorama es aterrador: privados de nuestros derechos fundamentales a la libre circulación, a la reunión, a la manifestación.. Privados del derecho al trabajo y a la libertad de empresa...Con el Parlamento prácticamente cerrado, sin poder controlar al Gobierno.  Con un presidente que elude igualmente el control de la prensa en comparecencias amañadas, y compra con ayudas millonarias, por si no tuviese bastante con la propaganda de la pública, el apoyo de las cadenas televisivas privadas. Y con un émulo de Lenin de vicepresidente, que debe contemplar con satisfacción cómo el previsible colapso de la economía representará una inimaginable ocasión propicia para la posterior instauración de un régimen comunista.  

Tras tres semanas de confinamiento, el ministro Illa todavía no ha sido capaz de aprovisionarse ni siquiera de mascarillas. Para qué hablar de respiradores o de test, que son la única forma segura de combatir eficazmente la epidemia. Y sin embargo, ya se nos anuncian otras dos semanas más de prórroga de un estado que no es de alarma, sino de auténtica excepción. Y lo que es más grave, sin que se aprecie mucha resistencia, ni por parte de las fuerzas políticas ni por parte de la ciudadanía.

El Gobierno pide unidad, y sería lo ideal en tan delicadísima situación, pero, desde su sectarismo, en realidad lo que pretende es adhesión inquebrantable a su absoluta incompetencia. Hora es ya de que la oposición ejerza realmente como tal. No puede ser que siga dando carta libre a esta pandilla de incompetentes para que continúe haciendo y deshaciendo a su antojo. Lo ideal sería un nuevo ejecutivo, de concentración, y dónde prime el perfil técnico. Pero si no eso, al menos debe exigir condiciones como poco de transparencia y de diálogo que hasta ahora no han existido en absoluto. De otra manera, apoyando gratuitamente a este gobierno de pesadilla corre el riesgo de convertirse en cómplice de toda esta catástrofe.

sábado, 28 de marzo de 2020

LA “PROHIBICIÓN” DE DESPIDOS Y EL ENGAÑO PERMANENTE




La principal nota caracterizadora del gobierno de extrema izquierda que preside el Dr. “cum fraude” Pedro Sánchez es su absoluta falta de escrúpulos a la hora de utilizar la mentira y el engaño con fines propagandísticos.

Primero nos estuvo engañando acerca de la previsible gravedad de la epidemia, cuando había que evitar a toda costa tomar medidas antes del 8 de marzo para no estropear la fiesta de la cuchipanda feminazi. Acuérdense del tal Simón diciendo que en España habría muy pocos casos de contagio.

Luego salió el gran felón a soltarnos sus discursos estilo Chaves o Castro, y a anunciarnos la famosa “movilización” de los 200.000 millones de euros, de los cuales, en verdad, después se supo que el Estado pondrá a lo sumo 17.000, porque el resto lo tiene que poner la banca.
  
Más tarde han venido los engaños con el estado de salud de la vicepresidenta, o las oscuras maniobras de aprovisionamiento de materiales, que tenían que haberse hecho en enero a empresas solventes, y no después incluso de decretado el estado de alarma en los mercadillos piratas chinos.

La última de estas maniobras de engaño, que es lo único que está haciendo  el gobierno para intentar salvar su puto culo, es la aparición en el día de ayer de la ministra de Trabajo anunciando que se iban a prohibir los despidos para proteger a los trabajadores y atacando a los empresarios generalizadamente como si todo su afán fuera aprovechar la crisis sanitaria para quitarse empleados de encima.

Uno se va sin embargo después al BOE y ve que no es para tanto. El artículo 2 del RDl 9/2020 se limita a decir:

 La fuerza mayor y las causas económicas, técnicas, organizativas y de producción en las que se amparan las medidas de suspensión de contratos y reducción de jornada previstas en los artículos 22 y 23 del Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, no se podrán entender como justificativas de la extinción del contrato de trabajo ni del despido.

En mi opinión, el precepto no hace sino plasmar de manera expresa algo que ya estaba ínsito en la redacción de los referidos artículos 22 y 23 del RDl 8/2020:  puesto que se entiende que las circunstancias a que se refieren son temporales y pasajeras, las medidas que se adopten al hilo de las mismas no tiene justificación ninguna que sean de carácter definitivo, como ocurre  con  las de despido. Precisamente todas las medidas de flexibilización interna que se adoptaron en las reformas de 2010 y 2012 tenían como finalidad el que el despido fuera el último recurso en situaciones de crisis empresarial, facilitando los restantes. Con esa perspectiva, y teniendo en cuenta que estas nuevas medidas legislativas de coyuntura no tienen sino la misma finalidad (facilitar las suspensiones y reducciones para evitar los despidos) no cabe otra interpretación razonable de la norma. No está mal que el legislador lo aclare, pero no hacía ninguna falta.

Por lo tanto, queda claro que las empresas españolas podrán seguir despidiendo por otras causas, incluso económicas, técnicas, organizativas o de producción o de fuerza mayor, siempre que estas sean ajenas a las circunstancias derivadas de la crisis sanitaria y de la consiguiente declaración del estado de alarma. Lo cual, dicho sea de paso, a mí me parece muy razonable, porque otra cosa habría sido un disparate.

Pero es más, la norma ni siquiera impide que se produzcan despidos al hilo de la crisis y fundados en esta, simplemente los encarece, ya que la falta de justificación de la medida lo que lleva es a la declaración de improcedencia, y ello lo que implica es una mayor indemnización, pero no  la imposibilidad de extinguir la relación. Por lo tanto la norma no prohíbe los despidos por estas causas, sino que simplemente los encarece.

Por lo demás, y en la misma línea, en el artículo 5 del nuevo decreto ley se establece una medida de “Interrupción del cómputo de la duración máxima de los contratos temporales”. Que tampoco significa ni mucho menos que no se puedan extinguir este tipo de contratos. Significa que para aquellos que se suspendan por las causas previstas en los art 22 y 23 del Real Decreto-ley 8/2020 interrumpirán el cómputo de sus plazos de duración, algo que tampoco constituye una extravagancia en determinadas modalidades contractuales (por ejemplo en los contratos formativos) aunque sí que puede plantear serias dificultades aplicativas en otros supuestos sujetos a una concreta de necesidad productiva de la empresa cuando esta desaparezca, ya que en dichos supuestos se podría perder la justificación temporal de la contratación, entrando en una especie de situación de fraude alentado por la propia ley. Pero desde luego, lo que el precepto no impide es que se extingan a su término previsto, aún durante la situación de alarma, aquellos que no hayan sido objeto de suspensión.

En definitiva, las medidas entiendo que son muy modestitas, e incluso en parte razonables. Pero como la estrategia de este gobierno es engañar permanente a la gente (a su gente, porque a los demás no nos engañan) tenía que salir la ministra ayer sobreactuando a demonizar a los empresarios y a amenazarles con las penas del infierno.  Es una forma de recordar a los suyos: por muy malos que seamos nosotros, los empresarios son peores, y nosotros os protegemos de ellos.  

Pero esta gente ignora que la prohibición de los despidos (de verdad, no esto que han hecho) no protege de nada a la clase trabajadora, como ha puesto por ahí el ministro Garzón, sino que simplemente alienta la quiebra de las empresas.






domingo, 7 de abril de 2019

LOS MALES QUE NOS AQUEJAN


¿Se siente usted identificado con la Semana Santa actual? Era pregunta que el señor moderador lanzaba así de entrada, directamente y a bocajarro, a los contertulios en un selecto foro. Aunque cada uno de ellos puso sus matices, la respuesta fue unánime: no. No deja de ser  paradójico. Se trataba de cofrades clásicos, en cierto modo responsables y hasta cierto punto se puede decir que artífices, cada uno desde su parcela, de esta Semana Santa que nos ha tocado vivir. Sin embargo no tenían reparo en reconocer que esto se había ido de las manos. Lo cierto que es que yo mismo, tras veintidós años en cargos de responsabilidad en nuestras cofradías, tengo que dar también la misma respuesta: la Semana Santa, en la que tan profunda y extensamente he participado,  me gusta cada vez menos, porque cada vez son menos los momentos en ella que me resultan disfrutables.
A mi modo de ver, el diagnóstico es claro. Hay dos fuerzas que empujan rabiosamente con fuerza en la misma destructiva dirección: el exceso de espectáculo y la falta de criterio. La Semana Santa se ha convertido en una fiesta cada vez más espectacular y menos devocional. A  esto hemos llegado por la falta de criterio de un público que cada vez es más masa y menos pueblo y, lo que es más grave, de muchos de los propios cofrades que rigen nuestras hermandades. Para verificar esto no hace falta más que ver cuál ha sido la polémica que ha consumido la Cuaresma: un grupo de hermanos mayores que se empeña en perpetuar inventos sin sentido con tal de no tocar otros aspectos, jaleados por buena parte de la masa que sólo entiende de disfrutar del espectáculo, dándole igual que las cosas se hagan al derecho o al revés.
Así es como la Semana Santa se nos va en un declive imparable, donde todo horror (llámese músicas, sillitas, cuadrillas de costaleros, vallas y aforamientos, consumo de alcohol en la calle...) tiene cabida. No es por otra parte extraño que esto ocurra en una fiesta cívica y religiosa, en una época en que tan poco de moda están el civismo y la religión. Pero en mi opinión, en este declive creo que tienen una especial responsabilidad los medios de comunicación (en papel, radiofónicos y, sobre todo, digitales) a los que han llegado un aluvión de gente con escasísima formación, que sin embargo se han puesto a crear opinión de una forma totalmente perniciosa, en la que lo anecdótico ocupa el centro, relegando a un segundo o tercer plano, cuando no olvidando por completo, lo fundamental. Toda una generación de sevillanos, que por supuesto no han leído un solo libro de los clásicos, ha aprendido a ver la Semana Santa con los ojos de alguno de los muchos comunicadores que -para gustos, los colores- el mismo valor dan, por poner un ejemplo, a “Amarguras” que a “Callejuela de la O”. Sobre todo porque esta última es desde luego mucho mejor para que los palios “bailen”, y que siga el espectáculo. 

sábado, 30 de marzo de 2019

UN DRAMA TREMEBUNDO

Foto: Juan Flores ABC

Si me dan a escoger entre el famoso tríptico verdiano que conforman Traviata, Rigoletto y Trovatore sin duda este sería el orden de mis preferencias. No es por tanto la que en estos días se representó en el Maestranza mi opera favorita del de La Roncole. Y no es que carezca, por supuesto, de calidad musical, pero la historia del chiclanero Antonio García Gutiérrez, llevada al libreto por mi tocayo Salvatore Cammarano, es a mi modo de ver infumable, por más que cuenten las crónicas que en su día constituyó un gran éxito teatral. Esa mezcla de amores, venganzas y muertes, que también se da pero de otra manera en Rigoletto, a mi en este caso no me convence en absoluto, y hace que nunca pueda llegar a creerme realmente lo que estoy viendo. Supongo que será cuestión de mentalidades, las de nuestros tatarabuelos tan diferentes de las nuestras. 

La velada presentaba el atractivo principal de la presencia de nuevo entre nosotros de Angela Meade, una cantante top en el panorama internacional que hemos tenido la fortuna de poder disfrutar aquí por segunda vez. Dejó buena tarjeta de presentación en Tacea la notte placida, pero fue en la segunda parte de la obra donde dejó ver todo el amplio abanico de sus virtudes canoras. Un fiato portentoso, unos agudos vibrantes, unos filados incandescentes... Su D'amor sull'ali rosee constituyó uno de esos momentos mágicos en una representación operística en te olvidas hasta de respirar.

Si de Meade lo esperábamos todo, la mezzo Agnieszka Rehils constituyó una gratísima sorpresa pues no tenía ninguna referencia de ella. Una voz densa, con un registro grave de los que marcan la diferencia. La única pega es que su figura esbelta y juvenil no da quizá el tipo de la gitana Azucena, madre, aunque sólo putativa, del ya crecidito Manrico.

Junto a estos dos portentos vocales, mantuvo el tipo, si acaso un pelín por debajo de sus compañeras, el italiano Piero Pretti , con también lucido curriculum en primeras plazas,  que no tuvo problemas para, en el momento culminante de su papel,  coronar Di quella pira con un bien colocado y prolongado do de pecho.

Mucho más gris por el contrario el trabajo de Levrov y Dal Zovo en los papeles del malvado Conde de Luna y de su fiel Ferrando. Levrov estuvo francamente mal en Il balen del suo sorriso aunque luego mejoró en el dúo con Leonora del cuarto acto.
Tampoco me agradó mucho en esta ocasión la dirección de Pedro Halffter, con unos tempi excesivamente parsimoniosos en algunos pasajes que restaban fuerza a la interpretación. También el coro tuvo sus desajustes, algo no habitual en la consolidada formación.

Pero lo peor sin duda fue la producción. Vamos a ser claros: impresentable. Yo no entiendo los paños calientes que he leído en las críticas, por el mero hecho de que sea fiel al libreto. Esas dos escaleras…esos paneles…esa iluminación escasísima… Una cosa es el minimalismo y otra la tacañería en medios. Por lo que llevo visto últimamente no son los teatros italianos, por lo general, buen referente para producciones. La cosa debe estar cortita, también por allí.

A pesar de todo, después de todas estas peguitas de viejo cascarrabias, hay que decir que la representación satisfizo en gran manera al respetable, a tenor de los aplausos cosechados. Incluso me comentaba alguien, que se acercaba por vez primera a este maravilloso espectáculo, que le había encantado. Esperemos que estas funciones a teatro lleno hayan contribuido a fomentar y relanzar la afición por el género en nuestra ciudad.

jueves, 31 de enero de 2019

"MACHADA"

En el país que alumbró a Ruth Beitia, Carolina Marín, Lidia Valentín,  Carmen Valero, Blanca Fernández Ochoa, Conchita Martínez, Arantxa Sánchez Vicario, Mireia Belmonte, Edurne Pasabán, Amaya Valdemoro, Marta Fernández, Mayte Martínez, Marta Domínguez, Beatriz Manchón, Coral Bistúer, Laia Palau, Garbiñe Muguruza, Maialen Chourraut, Gemma Mengual, Laia Sanz, Miriam Blasco, Ona Carbonell, Teresa Zabell,  Alba Torrens, Marina Alabau, María Vasco, Carmen Martín, Brigitte Yagüe, Sandra Aguilar, Isabel Fernández, Almudena Cid, Marta Xargay, Jennifer Pareja,
Anna Espar, Erika Villaécija, Laura Nicolls, María Aguilar, Silvia Navarro, Marta Mangué, Silvia Domínguez, Cristina Ouviña, Anna Cruz, Teresa Perales, Alejandra Quereda, Sandra Sánchez, Gisela Pulido, Queralt Castellet, Joane Somarriba, Natalia Rodríguez, Mayte Zúñiga, Ana Peleteiro……y un larguísimo etcétera de campeonas y grandes competidoras, algunos periodistas  tienen el humor de seguir llamando a una gesta deportiva “machada”…. 




martes, 25 de diciembre de 2018

EXPERIMENTO FALLIDO


Cuando uno ve al año unas treinta o cuarenta representaciones de ópera, agradece que los programadores de los teatros estiren el repertorio y echen mano de títulos menos habituales, porque lo que son los Mozart, Verdi, Puccini o Donizetti, con todos mi respetos y admiración para ellos, los tenemos ya más que trillados. Este año por ejemplo si no he visto tres “Don Giovanni”, no he visto ninguno. Y seguro que algunos otros títulos populares también se habrán repetido. Por eso nunca me he quejado de las “rarezas” con que Halffter ha ido jalonando el abono de cada año en esta etapa que ahora toca… ¿a su fin?. Desde “Dr Atomic” a “Der ferne Klang” o “El enano” de Zemlinsky, de entre los que ahora mismo recuerdo. Sin embargo el atrevido experimento de este año resultó, a mi modesto  modo de ver, fallido.
Para empezar es dudoso que pueda atribuirse la categoría de ópera a una pieza de no más de treinta minutos de duración. Es como llamar novela a un cuento. Es lo que ocurre con “El dictador” de Ernst Krenek. Una obra que muy bien se podía dar en versión concierto..y ya está. En todo caso contaba con el atractivo de su estreno en España, y eso es un punto a su favor. A mí me resultó ni fu ni fa. Además Halffter imprimió excesivo volumen en algunos pasajes, algo a lo que tiende más de lo que debiera, de manera que a veces me atronaba los oídos.
Más interesante me pareció la propuesta de “El emperador de la Atlántida”, obra que su autor escribió durante su estancia en el campo de concentración de Terezín, antes de morir en el de Auschwitz, lo que ya le otorga un valor especial. Sin embargo, lo que oímos no fue la obra de Viktor Ullmann, sino un arreglo, y muy profundo, de Pedro Halffter. Muy buen arreglo sin duda, pero que tapa y desvirtúa al original. Lo que compuso Ullman, para orquesta de cámara, era más Kurt Weill, mientras que lo que escuchamos en el Maestranza era más Strauss. Así que yo me pasé toda la representación dándole vueltas a este asunto, que tiene mucha miga. Por lo demás aquí sobresalió el montaje escénico de Ricardo Sánchez Cuerda y sobre todo el vestuario de Jesús Ruiz.
En cuanto a los cantantes mereció mucho la pena –para mi lo más valioso de la velada-´escuchar a Martin Gantner en su doble papel de Dictador y Emperador, con un magnífico fraseo que apoya en su potencia vocal. Sobre el dúo femenino había leído previamente dos críticas contradictorias, una inclinándose por Nicola Beller Carbone  y minusvalorando el trabajo de Natalia Labourdette,  y otra a la inversa.  Para mí sin duda cantó mejor Natalia, sin quitar que la Beller Carbone es una señora estupendamente construida, si esto se puede decir en los tiempos que corren, y que no tiene recato en demostrarlo cada vez que viene al caso (aún hay quien la recuerda en “..Kandaules”). Entre los demás cantantes masculinos llamó la atención la profundidad de voz del bajo Sava Vemic, y estuvieron a buen nivel David Lagares y Vicente Ombuena.

Las dos piezas fueron entrelazas sin descanso con unos a modo de interludios también compuestos por Halffter sobre la base de otras piezas de Ullmann. El teatro presentó una de las entradas más flojas que recuerdo. Era de suponer. Esperemos que la taquilla se reponga con el verdiano “Il trovatore”.

sábado, 27 de octubre de 2018

PROFETA EN SU TIERRA

Acudíamos al estreno de la Lucía... del incombustible don Gaetano, en la apertura de una nueva temporada del Teatro de la Maestranza, sugestionados aún por el recuerdo de la histórica representación en Madrid, hace unos meses, de este mismo título, con los aclamadísimos Javier Camarena y Lisette Oropesa, y  en la que se produjo el ya famoso y controvertido bis del sexteto de la escena de la boda. Aquí no hubo bis alguno. Entre otras cosas, supongo, porque es difícil que se cree el clima necesario con tanto público cuchicheando, llegando tarde, tosiendo o jugando como adolescentes con el móvil. Si alguien quiere comprobar el grado de desquiciamiento del personal no tiene más que acudir uno de estos días al teatro y comprobar cuántas personas son incapaces de estar toda la representación sin tocar el aparatito. Incluso en momentos estelares no faltó quien encendiera la pantalla para un indudablemente inaplazable contacto de vida o muerte. Así que la función no alcanzó cotas estratosféricas, pero si, a pesar de todo, bastante notables. Y dentro de ello, la triunfadora principal de la noche fue sin duda alguna Leonor Bonilla, la soprano sevillana  que se presentaba en su teatro nada menos que asumiendo el papel protagonista de esta obra cumbre del belcantismo. A mí me sorprendió muy gratamente, no ya por sus virtudes canoras, que habíamos podido apreciar en anteriores comparecencias en papeles menores, sino por su determinación y seguridad en tarde de tanto compromiso. Su intervención fue brillante toda la noche. Desde su aparición junto a la fuente hasta la siempre esperada escena de la locura, en esta ocasión acompañada con flauta en lugar de la armónica de cristal. Fue ovacionada muy cariñosa y merecidamente, y al final recibió el reconocimiento especial, en forma de ramo de flores, de sus compañeros del coro del que salió para conquistar, sin duda, el mundo. Es un gran motivo de orgullo para toda la Sevilla musical haber alumbrado y haber visto crecer a esta joven a la que no es arriesgado decir que le esperan grandes veladas de gloria. A la joven Leonor le dio buena réplica el veterano Josep Bros, de voz muy bella y adecuada para el papel de Edgardo, en la que sin embargo apreciamos algunos síntomas quizá de fatiga, resueltos no obstante con oficio y sabiduría. Cuando entonó su “Tombe degli avi miei” contaba con la desventaja de que el teatro conservaba aún los ecos de la misma pieza interpretada hace un par de semanas por el inmenso Juan Diego Flórez. No obstante su versión fue sobresaliente, salvo a la hora  de afrontar  el agudo final, lo que empañó un tanto el resultado global. Muy notable también la ajustada intervención de Manuel de Diego en su interpretación del fugaz Arturo. Muy por debajo de ellos sin embargo las dos voces graves masculinas, Mirco Palazzi y Vitaly Bilyy. Especialmente este último, en el papel de Enrico, con una voz potente pero basta, carente de todo refinamiento. La batuta de Renato Baldasonna manejó adecuadamente los tiempos, demorándose para reforzar la belleza del fraseo unas veces y azuzando otras cuando la partitura lo requería, con excelente respuesta en ambos casos de la orquesta. En cuanto a lo escénico, la producción de la Deustche Oper de Berlín (¿de cuándo?) es de un clasicismo tal que hoy día resulta un tanto naif. No es que seamos partidarios acérrimos de los montajes modernitos, con tanto neón y tanto artefacto que no viene a cuento, pero siempre hay términos medios. En todo caso este no está mal como reconstrucción casi arqueológica de lo que fue la ópera en otros tiempos. Tiempos que por cierto me hacen recordar a otra famosísima soprano, francesa pero de ascendencia sevillana, hija de nuestro paisano tenor Manuel García, que fue María Malibrán, cuyo éxito y reconocimiento internacionales, que no fueron pequeños,  deseo a Leonor Bonilla en la bonita carrera que tiene por delante. Mimbres tiene para hacerlo.  

martes, 22 de mayo de 2018

REDONDA ADRIANA

Tarde de Lunes de Pentecostés. Ya saltaron la reja los almonteños. Sola se queda la ermita. Todo se va terminando como un sueño que se aleja. ¡Bienvenidos al Teatro de la Maestranza! No olviden apagar sus teléfonos móviles si aún no lo han hecho. Desmontando tópicos. En la tierra de María Santísima hay otras Sevillas. Estreno. Adriana Lecouvreur, nueva en esta plaza. Ópera en cuatro actos de Francesco Cilea. Autor de una sola obra. Redonda. Sorprendente. Verismo y leitmotiv manejados con maestría.  Amor, intriga, triángulos…muerte (lo siento por el spoiler) Adriana Lecouvreur. Artista, actriz de la Comédie Francaise. Moliere…Racine… Fedra. Amante y amada. Odiada. Envenenada. ¿Verdad?¿Ficción? Sólo se queda Palacio..Pero el teatro no se llena. Comentario entre los asistentes. Mucha clase extractiva. Algún ganadero. Extraño. ¿Demasiadas funciones? Adriana Lecouvreur Io son l’umile ancella aquí se llama Ainhoa Arteta, popular y televisiva. Gran cantante, mala presentadora. Un señor, lector asiduo de este blog, me comenta que él fue testigo presencial de la saeta que le cantó a la Macarena. Mi marido le corrige rápidamente: no fue saeta sino avemaría de Gounod. Así nacen las leyendas. Dentro de cien años todos calvos. Y Ainhoa, saetera. Poveri fiori ¿Quién se va a acordar de que la letra era en latín? Había expectación por cómo encajaba el papel. Para mi gusto –vuelvo a ser yo- estuvo irregular. O lo que es lo mismo, regular. Momentos   brillantes y otros no tanto. Quizá su voz no acaba de  adaptarse del todo a las exigencias de una spinto que el personaje requiere. Oh sole mío! Buen vestuario. Decorados tristes ¿Dónde se quedó? Otra escenografía es posible. Ilincai, tenor rumano. Me emocionó en su primer aria. Por su voz potente y clara. Por su forma de cantar valiente y sin reservas. Porque aún era soldado y no conde.  Bella tu sei, tu sei gioconda..dolcissima effigie sorridente. Sus duos con Adriana Arteta fueron de alta tensión. A mi marido también le gustó mucho el aria de Michonnet en el primer acto (¿o era el segundo?) La del monólogo. Esa. A la Arteta le aplaudirán más, dijo, y así fue. Desconocido para mí Luis Cansino. Descubrimiento. Ningún descubrimiento en el caso de Lagares, magnífico  bajo onubense. Tamboriles tocandoporlaRaya. Impresionante la irrupción en la escena de la mala, la Princesa de Bouillon. Enorme voz de mezzo dramática. Acerba voluttá, dolce tortura. ¡Con ustedes, Ksenia Dudnikova! También agradó el bonito timbre de voz de Josep Fadó. Aunque para timbre el del teléfono que no apagaron, a pesar de los avisos. Catástrofe. Como las toses acompañando los últimos acordes del arpa. Público inefable. ¡Apaguen los teléfonos, por favor!!! Con Halffter y la Sinfónica en estado de gracia. Cae el telón antes que los aplausos. Habría que cerrar. Serán cosas del convenio. Punto… ¿Final?


sábado, 21 de abril de 2018

EXPERIMENTOS

La comidilla de ayer en Sevilla, a falta de mejores visitantes, fue la del nota que se paseó por la Feria vestido de nazareno (del Museo?). El gachó dice que se trataba de un  “experimento sociológico”. No me ha quedado claro, porque tampoco me he molestado en averiguarlo, si la idea se le ocurrió a su propia mollera, o salió de la de algún profesor, de esos con más peligro que un miura, de los que nuestro sistema público docente está trufado y en cuyas manos no permitiría que cayera ninguna de mis hijas. En cualquier caso, yo le sugeriría, al niñato o al maestro,   que experimentase en el coto de su pura madre, y nos dejen en paz a los demás con sus delirios.

Experimento o simple chaladura, lo que está claro es que se trata de una provocación, y estas no se sabe nunca cómo pueden acabar. Hay mucha gente, de aquí y de fuera, que le han perdido el respeto a Sevilla y a sus tradiciones, y parecen empeñados en que nuestras fiestas no puedan celebrarse en la armonía y convivencia ciudadanas de que siempre han hecho gala.

Claro, que el de este tipo es más inofensivo que el de los que “experimentan” cargarse la Madrugada, y por ende la Semana Santa, provocando carreritas. Sí, provocándolas, porque las carreritas no ocurren por generación espontánea o como consecuencia de una simple pelea, como nuestras sesudas autoridades incompetentes se empeñan en hacernos creer. Se ha demostrado este año cuando el solitario intento ocurrido en la calle San Pablo sobre las tres y pico de la madrugada fue abortado por la reacción contraria del público. Pero hubo provocadores, que según se publicó  fueron detenidos y de los que nunca más se supo. Quizá porque es esta una realidad incómoda para la versión oficial.


El caso es que convivimos con más gente grillada de lo que parece, y lo que pueden idear esas pobres cabecitas quizá los que estamos medio sanos no lo podemos ni imaginar. Pero bien harían los responsables de la seguridad ciudadana en tomar buena nota. Es mucho más plausible esta opción que la de los inverosímiles efectos dominó.       

lunes, 19 de marzo de 2018

NUMERUS CLAUSUS

Tengo en estos día de vísperas, otrora tan felices y esperanzados, la triste sensación de que la Semana Santa se nos ha ido de las manos. De que ya no la controlamos los cofrades. La hemos perdido entre el embate de unas masas embrutecidas y el contraataque de políticos y burócratas especialistas de la seguridad, que han aprovechado la coyuntura para intentar demostrarnos una vez más lo imprescindibles que son en nuestras vidas. Y lo peor es que me temo que hemos sido nosotros mismos, poco a poco y casi sin darnos cuenta (o sí) quienes hemos llevado a nuestra gran fiesta a esta situación. Somos nosotros mismos quienes en las últimas décadas hemos ido convirtiendo cada vez más la Semana Santa en un espectáculo, ahora incluso profusamente televisado. Se lo he leído hasta a uno de los cientos de ciudadanos que en estos días se convierten en pregoneros: “la Semana Santa es un espectáculo brutal”, dice el caballero. Pues sí, a eso lamentablemente hemos llegado. Y con eso hemos conseguido atraer a una masa de gente “bruta”, ajena en su mayor parte a la tradición, y que viene a consumirlo como quien va a un partido de fútbol, a una corrida de toros o al circo: siempre buscando “el numerito”, que se contempla comiendo pipas o bebiéndose una cerveza o un cubata.

Todo empezó con algo en principio positivo, porque los hermanos costaleros, entre los que me incluyo, supusieron en su momento asegurar la continuidad de las procesiones ante el declive de las cuadrillas profesionales. Pero su progresivo afán de protagonismo ha ido generando una espiral en la que ya lo que menos importa es a Quién se lleva, sino cómo se lleva. Esas masas, que ya no son la amable bulla de toda la vida, ensalzada incluso como forma peculiar de convivencia y saber estar en la calle de los sevillanos, no buscan otra cosa que diversión y espectáculo, y poco o nada entienden de devoción y respeto. Si a esto unimos la general retirada de la buena educación de la vida pública, el conflicto está servido.

Hay quien ha propuesto que para reconducir el asunto y volver a hacerlo medianamente manejable, se impongan numerus clausus a los nazarenos. Buen síntoma de que en el nuevo paradigma el nazareno es una figura que estorba porque seguramente no es suficientemente espectacular. Yo antes que a los nazarenos le pondría numerus clausus a ciertas cuadrillas de costaleros. Y a las bandas de músicos, de esas cuyos miembros multiplican varias veces la centuria para tocar, cada vez más generalmente, unas marchas horrorosas, pero que tan espectaculares resultan. Le pondría numerus clausus al espectáculo: a las revirás (la misma palabra me repele) de tres marchas, a los solos de trompeta de competición de “a ver quién sopla más”, a las petalás que no vienen a cuento, a las cuestas interminables, a los andares ridículos, a los saludos que parecen la visita que no se ve la hora de que se vaya, a los ritmos flamenquitos sacados directamente de los tablaos...A todo eso, y algunas cosas más, le pondría yo numerus clausus antes que a los nazarenos.

Una Semana Santa más natural, más íntima, más sosa si hace falta, más basada en lo que es su auténtica raíz devocional. Más ligerita, sin cofradías que tardan en pasar una eternidad, no por el número de nazarenos sino por la excesiva pretensión de lucimiento de los pasos. Una Semana Santa a la que se le despojara de toda la cochambre que se la ha ido incorporando en los últimos tiempos de imperante mal gusto, a lo mejor no atraía a tanta gente, sino sólo a la justa. Mientras no sea así, los cofrades con un poco de sensibilidad tendremos que irnos retirando de la Semana Santa. Suena extraño pero es así. Yo ya conozco a más de uno. Seguiremos participando y refugiándonos en nuestras cofradías, pero como espectadores de otras nos iremos escondiendo en lugares cada vez reducidos, cada vez mas ajenos al espectáculo para consumo de la masa. Porque a mí no me va a poner nadie estabulado detrás de una valla durante una hora rodeado de gente comiendo y bebiendo para ver un paso dando saltitos y cojetás con una banda de mariachis detrás. Y eso, por desgracia, es lo que se va extendiendo.


sábado, 17 de febrero de 2018

EL TESTAMENTO DE VERDI

Verdi  había casi alcanzado la barrera de 80 años, edad avanzadísima para la época, cuando le dio por componer una obra totalmente distinta a las que le habían dado la fama y la gloria. Todo un reto que sólo los genios, como el de Bussetto, tienen la capacidad y el coraje de afrontar. Distinta en la temática -Verdi no componía una ópera bufa desde hacía más de cuarenta años, cuando estrenó la prácticamente olvidada “Un giorno di regno” -  y en lo musical, apostando por una fórmula de diálogo y melodía  continuos, en lugar de las tradicionales arias, dúos, etc.

Sir Jhon Falstaff, que “cuando era paje del duque de Norflok era delgado… ligero,  gentil...” es ahora un viejo gordo, borrachín y mujeriego, que aún se cree con encantos para encandilar a las damas (algo que nos pasa a tantos). Boito, autor del libreto, se basó en textos de Shakespeare, como “Las alegres comadres de Windsor” y “Enrique IV”. Que por cierto, me he enterado por Elvira Roca (Imperiofobia y leyenda negra) que presumiblemente el gran bardo  era católico, y no anglicano, motivo por el cual nunca mostró inquina a los españoles, como otros paisanos de su época.

Falstaff  es una obra tan particular dentro de la producción verdiana que la habré visto  casi una decena de veces, y sin embargo todavía no le he cogido el punto. Es una ópera que, a pesar de su indudable calidad, se me resiste (mea culpa, mea culpa). Y ayer, en el Maestranza, me ocurrió lo mismo. Se me resistió prácticamente hasta el tercer acto, el único que me resultó redondo, incluso en lo escénico. Para  empezar, es una partitura desagradecida para los cantantes, que no tienen momentos de especial lucimiento. La única excepción es quizá la de Nannette, y bien que lo aprovechó la joven Natalia Labourdette para convertirse en la más destacada del elenco femenino. Por su parte, Kiril Manolov –que aquí podríamos llamar cariñosamente Manolón, por su enorme humanidad- fue en un crescendo, de menos a más, que a mi particularmente, que había pagado la entrada completa, me supo a poco. Halffter no anduvo fino en el balance entre voces y orquesta, de manera que esta tapaba a aquellas, por lo general pequeñas, en más de una ocasión. Demasiado embarullamiento en los pasajes en que todos cantan a la vez (¿nonetos?) en el primer acto. En definitiva, sólo el último acto me pareció brillante en su conjunto, con notable aportación, como siempre, del coro.


Al final, después de burlados el burlador y su contendiente, el patriarcal Ford (encarnadores ambos del más rancio machismo), llega la famosa fuga en la que Don Giusseppe, con la sabiduría que da la cercanía del final de la suya,  nos desentraña el misterio de la vida: tutto nel mondo é burla. Después de habernos hecho llorar con Violetta, con Aída, con Gilda y Rigoletto, con Don Carlo,  con Leonora, con Desdémona…ahora, sentado el viejo Falstaff en la boca del escenario, con los pies desenfadadamente colgando sobre el foso orquestal, se despide quitando hierro al asunto de la existencia. Puede que  al fin y al cabo sea cierto aquello de que no es más que “una mala noche, en una mala posada”. Tomémosla con humor y alegría, que quizá, probablemente, algún día, nuestras penas serán redimidas. 

martes, 23 de enero de 2018

EL DÍA QUE CORRÍ CON SEBASTIAN COE

El domingo participé en la XXXVI edición del Cross de Itálica. No en la carrera internacional, lógicamente, sino en la de carácter popular en la que los trotones como yo hacemos de teloneros de los pura sangre que se disputan una de las pruebas más prestigiosas del calendario atlético invernal. Porque para los que no lo conozcan, la cita de Itálica no es sólo las carreras de élite, masculina y femenina, en la que cada año participan muchos de los mejores especialistas mundiales, y que da fama al evento, sino que es una gran fiesta del atletismo, en la que desde primeras horas de la mañana se suceden las carreras de todas las categorías, desde los pequeñines sub10 hasta los master, con atletas venidos de todas partes de España y Portugal, especialmente.
Este año no obstante, la carrera popular absoluta ha tenido un carácter especial, con un participante de lujo. Nada menos que uno de los ídolos atléticos de mi juventud: el dos veces campeón olímpico de 1.500 y actual presidente de la IAAF, Sebastián Coe. Igual que la final de Barcelona 1992, con el oro de Fermín Cacho, tengo grabada en mi memoria una bastante anterior: la de Los Ángeles 1984, en que José Manuel Abascal se colgó el bronce. Recuerdo al comentarista de TVE (José Ángel de la Casa) confirmando una y otra vez que aquellos tres atletas que apuraban la última curva y enfilaban ya hacía la meta eran 'Coe, Cram, Abascal....Coe, Cram, Abascal.." con un Joseph Chesire apretando por detrás al atleta cántabro, tras haberse retirado en la última vuelta otro de los candidatos al podio, el también británico Steve Ovett. Ovett y Coe se disputaban entonces el primado del medio fondo (800 y 1500) en lucha con su compatriota Steve Cram y los españoles José Manuel Abascal y José Luis González. Ellos son los que, con permiso de Mariano Haro y Antonio Prieto, me engancharon al atletismo.

Cuando supe que Coe iba a estar en Sevilla como presidente de la IAAF con motivo de la prueba de Santiponce, le dije a un amigo en Twitter "podría ponerse las zapatillas y correr con nosotros la popular". Aquello fue una simple ocurrencia, pero cual fue mi sorpresa cuando el sábado por la noche saltó la noticia de que se iba a convertir en realidad. A pesar de que hice una carrera muy mala (creo que mi capacidad de sufrimiento está ya aún más disminuida que la física, y me lo tomé con calma), para mí fue una grata experiencia. No tuve oportunidad de darle la mano en carrera como mi compañero de aventuras Javier Gil, porque iba más adelante, pero podré contar a mis nietos que yo corrí una vez con el bicampeón olímpico Sir Sebastian Coe. Había pensado que este sería mi último cross, pero después de ver a Coe corriendo con sesenta y tantos años, quien sabe si el año que viene...

sábado, 23 de diciembre de 2017

GUERRA A LA GORDURA

Susana Díaz es uno de los personajes del panorama público que más apreciablemente ha engrosado el volumen de su anatomía en los últimos años. Se le ha puesto una cara redonda, y me figuro que todo lo demás también, aunque yo en esas cosas no me fijo en una política, ni para bien ni para mal. A diferencia de Mariano Rajoy –con sus caminatas- Aznar –con sus abdominales- o ZP –con sus carreritas- no se le conoce a nuestra presidente que practique ningún deporte. No se sabe que se haya bajado nunca del coche oficial para ir andando a ningún sitio. No sabemos lo que come ni lo que deja de comer. Sólo cabe suponer que lo hace bien, habida cuenta de lo hermosa que está. Sin embargo ella no tiene ningún empacho –la expresión viene al pelo-, pues le sobra desparpajo para eso y para más, en decirnos a los andaluces (y a las andaluzas) lo que tenemos que comer y si tenemos que subir las escaleras o coger el ascensor. Para ello se ha entretenido en elaborar una ley, según informa ABC, que, siguiendo aquello tan cristiano –se le notan sus orígenes de catequista- de “odia el pecado, compadece al pecador”   viene a prohibir la obesidad y al mismo tiempo, que nos metamos con los gordos (acabarán prohibiendo los chistes de gordos, como ya están prohibidos los de mariquitas).
La norma, siempre siguiendo la información del diario monárquico, ahora denunciado –quien lo iba a decir- por el Partido Popular por la publicación de una entrevista, reconoce importantes derechos a los andaluces (y andaluzas, supongo, aunque esto el ABC no lo aclara) como son
A disponer de espacios de aparcamientos de bicicletas en los lugares de trabajo, a tener agua gratis en los bares, a menús saludables y raciones mesuradas y a poder consumir productos frescos y perecederos.

Para garantizar estos derechos, las medidas que prevé son, fundamentalmente, sanciones a diestro y siniestro. Tales como multas de 15.000.-€ (sí son tres ceros, no me he equivocado) a los bares que no le den una vasito de agua al niño, señora o caballero –aunque no lleve caballo- que lo pida, o de hasta 300.000.-€ por la «promoción comercial y el patrocinio de alimentos y bebidas que excedan de los criterios nutricionales en los centros docentes», léase, por ejemplo, la tradicional venta de polvorones y dulces que hacen los alumnos para irse de viaje de estudios Según fuentes consultadas por este blog, está en estudio introducir alguna enmienda en trámite parlamentario por la que también se pueda sancionar a San Pedro en caso de que no llueva y nos prive de "la bebida más saludable y sostenible" Lo de sostenible es algo que no puede faltar en una ley de la Junta, pero claro, si no llueve....

A mí me parece que todo esto es una intromisión intolerable –una más- en nuestras libertades. Pero por otra parte también pienso que si nos empecinamos en que la sanidad sea pública, la salud tendrá que acabar siéndolo también. Si el Estado ha de ser garante de nuestra salud y prestador para ello de servicios sanitarios, tendrá que serlo con todas sus consecuencias. Para empezar habría que prohibir taxativamente fumar. Pero luego podríamos plantearnos también si hay que obligar a llevar abrigo para salir a la calle en invierno, porque nos resfriamos, o prohibir esquiar, porque se producen muchos accidentes en la nieve, y tenemos que pagarlo entre todos. Y así sucesivamente.
Si queremos seguir conservando algunos ámbitos de libertad individual, más vale que no pongamos tantos y tan importantes asuntos en la competencia de nuestros incompetentes  políticos, que están deseando la más mínima  excusa para meter las manos en nuestros bolsillos y las narices en los más escondidos rincones de nuestras vidas privadas.

lunes, 27 de noviembre de 2017

LA ÓPERA DE LOS OCHO DOS DE PECHO

Tras una serie de repeticiones de títulos, llegaba al fin uno nuevo, del repertorio clásico, aún no visionado en el escenario del todavía joven Teatro de la Maestranza. La fille du regiment está en el puesto 102 de las más representadas en el mundo, y ocupa el quinto lugar de entre las salidas del ingenio de Gaetano Donizetti. No es precisamente una de las cumbres del género, pero cuenta con los ingredientes necesarios para triunfar ante el gran público -es ópera cómica, es decir, con pasajes hablados, en los que el humor es la nota predominante- y hacer pasar un rato bien agradable.

A pesar de su novedad en el coliseo maestrante, la producción escénica de Laurent Pelly la conocíamos bien, pues ha sido ya vista en Nueva York, Londres, Viena o Barcelona. La versión de Viena (2007), con Flórez, Dessay y Álvarez (con una curiosa intervención de Montserrat Caballé en el papel exclusivamente hablado de la Duquesa de Krakenthorpe) está disponible en la red para quien la quiera ver. Es normal que siga “viva”. Para mí resultó de lo mejor de la noche. Desde la simulación de la neblina en el amanecer tirolés con que se abre el telón, hasta los movimientos del coro de soldados, el vestuario -las joyas no sé si serían buenas, pero brillar brillaban una barbaridad- y la cuidada dirección de actores, incluidas la expresiones en español que elevaron el tono jocoso de la representación. Había momentos que no sabía si estaba viendo una ópera estrenada en 1840 o una comedia o musical de la época dorada de Hollywood.

El reparto vocal también era atractivo, encabezado por la sudafricana Pretty Yende, una auténtica “rising star” que hemos tenido la oportunidad de disfrutar en Sevilla antes de que llegue a alturas probablemente inalcanzables. Su participación fue efectivamente estelar, destacando en las zonas altas del pentagrama con una facilidad y agilidad que sólo está reservada a las más grandes. En cuanto al norteamericano John Osborn, con permiso de Flórez y Camarena, es de los tenores del panorama actual que más garantías podía ofrecer para afrontar el papel de Tonio, al que Donizetti “regaló” con esa auténtica etapa reina del Tour de Francia con nueve puertos “hors categorie” (léanse "dos de pecho") que es la pieza más conocida de la ópera (À mes amis). Lo hizo con sobrada solvencia, recibiendo el cálido aplauso del público. El resto del reparto, incluidos los actores, cumplió bien su cometido, como el coro, según nos tiene ya acostumbrados.

La ROSS firmó igualmente otra gran noche, de la mano de Santiago Serrate, que dirigió con gracia y soltura, logrando perfecta conjunción con las voces y extrayendo una hermosa sonoridad a la orquesta. En definitiva, una velada verdaderamente satisfactoria, en la que el público salió casi cantando, como sale “toreando” de la vecina plaza de los toros en las tardes de gloria.


jueves, 23 de noviembre de 2017

SANTIDAD

Argumenta Junqueras, en su petición de libertad recientemente cursada a la juez Lamela que lo mantiene en prisión desde el pasado 2 de noviembre, que él no puede pecar, viene a decir, porque es católico. Gran sofisma: los católicos somos, al menos los normalitos, los del montón,  los mayores pecadores del mundo, precisamente porque tenemos la conciencia del pecado, de la que otros carecen.

Esta gente, en su delirio, confunde  el culo con las témporas. La magnesia con la gimnasia. El ser con el debe ser. Como están en la matraca de que están presos por sus ideas políticas, especulan con que quizá sus ideas religiosas puedan salvarlos. Piensan que sus creencias los redimen de sus actos. La justificación por la fe, sin embargo, es un concepto más bien protestante.


Junqueras entonces, que esto debe saberlo, lo que quiere decir no es ya que sea católico, sino que es santo. No está pidiendo sólo que lo saquen de la cárcel. Quiere la internacionalización del prusés por la vía vaticana. Quiere que eleven su causa no al Supremo, sino a Roma. Está pidiendo directamente que lo canonicen. Amén.

viernes, 3 de noviembre de 2017

DURA EST LEX...

Uno de los primeros principios que aprende cualquier alumno que pisa una Facultad de Derecho es el expresado en el viejo aforismo latino, proveniente del Derecho Romano,  que dice: “Dura est lex, sed lex”. No tiene nada que ver con una conocida marca de menaje para el hogar, y puede traducirse como que la ley es dura, pero es la ley.
Que la ley es dura en ocasiones, y sobre todo la penal, parece que acaba de descubrirlo ahora buena parte de la infantilizada sociedad catalana y española en general. Como ha dicho Guillermo Fernández Vara,  quizás creían algunos que esto de dar un golpe de Estado proclamando la independencia de una parte del territorio nacional era un juego. Una diversión de niños traviesos que ahora sin embargo se encuentran de bruces con la cruda realidad de las consecuencias de sus osados actos. Resulta que papá se ha enfadado y mucho. Toca gimotear.
Esta mañana he podido escuchar todo tipo de delirantes y compungidos análisis por parte de atribulados tertulianos  y presentadores de televisión (Griso, Évole, Quintana y otra serie de indocumentados mindundis que nos sermonean diariamente desde sus púlpitos) que parece que hasta ahora no habían caído en la cuenta de la gravedad del asunto y que a lo mejor pensaban que esto podía acabar de otra manera más naif, distinta  de la que por muchas fuentes con mucha más autoridad que ellos se ha venido anunciando desde hace tiempo.

Aparte de su preocupante infantilismo demuestran una alarmante ignorancia sobre lo que es el estado de derecho y la separación de poderes, acudiendo en último extremo, al manido argumento de la inoportunidad de la medida cautelar de prisión acordada por la juez Carmen Lamela. Ignoran seguramente el sentido que tiene la imagen de la justicia representada por la diosa Temis: una señora con una espada en la mano derecha  y una balanza en la izquierda y los ojos vendados. El juez tiene que impartir justicia ateniéndose a la ley y a los hechos que enjuicia, de manera imparcial, sin tener en cuenta la condición de los enjuiciados y sin  criterios de oportunidad o inoportunidad política, para los que es “ciego”. Un juez está para aplicar la ley, no para hacer política. Y la ley, en un Estado de derecho, tiene que aplicarse, fastidie a quien fastidie. A ver si esto se lo meten de una vez en sus berroqueñas y tan ligeramente amuebladas cabezas.    

viernes, 27 de octubre de 2017

EL MANICOMIO CATALÁN


La política puede decirse que es el arte de de ordenar la convivencia. Por lo tanto nada que lo que consiga sea precisamente lo contrario, esto es alterar o incluso romper esa convivencia, no es política o al menos no es buena política.

Llevamos años, incluso hoy,  escuchando a los predicadores de la progresía, los que pontifican  lo que es políticamente correcto y lo que no,  que el problema catalán tiene que resolverse a través del diálogo político. Sin embargo se da la paradoja de que todo lo que se propone desde la parte llamada soberanista, o simplemente independentista, es dialogar sobre cómo romper España y Cataluña, pues la independencia se plantea como objeto irrenunciable en ese supuesto diálogo. Por lo tanto lo que se propone  no es política sino antipolítica, ya que a lo único que lleva es, según se ha puesto especialmente de manifiesto en estos días, a la fractura social.

Por lo demás yo me pregunto ¿De qué se puede dialogar con unos tíos que se creen que son un pueblo oprimido y perseguido? ¿Se puede dialogar con unos tíos que se creen que la democracia es votar, y no cumplir las leyes democráticamente aprobadas? ¿Se puede dialogar con unos tíos que dicen  que aplicar las leyes es un golpe de estado y no lo es saltarse olímpicamente la Constitución?¿De qué se puede dialogar con unos tíos que se creen que por mayoría todo puede hacerse, incluso pisotear los derechos de las minorías?¿Se puede dialogar con quienes dan el rango de “mandato popular” al supuesto resultado del referéndum fantasma del 1 de octubre?¿Se puede dialogar con unos tíos que, en su delirio, niegan las nefastas consecuencias que su “procés” está teniendo para la economía catalana? ¿Se puede dialogar con unos tíos que llaman “pacifismo” a destrozar vehículos de las fuerzas de orden público?

Con estos tíos, y tías, no se puede dialogar ni buscar soluciones políticas. Tienen la percepción de la realidad absoluta y gravemente distorsionada. Lo único que cabe es aplicar la ley (el 155 y lo que haga falta) con todas sus consecuencias y mandarles un ejército…de psiquiatras.   


  

miércoles, 25 de octubre de 2017

FIDELIO DE SEVILLA

No estaba yo ayer en muy canónicas condiciones para ir a la ópera. Pero tendría que haber estado bastante peor, como por ejemplo estoy hoy, como para perderme el estreno de Fidelio, que abre la temporada en el Teatro de la Maestranza. Digo esto porque seguramente mi averiado estado influiría algo en la percepción del espectáculo. Los cursis de la pelota dicen que “el fútbol es un estado de ánimo”. Pues si esto es así, que lo dudo, no te digo nada la música.
Fidelio es una obra cuya acción, como se sabe, transcurre íntegramente en Sevilla, aunque igual podría hacerlo en Valladolid o en Cuenca, y cuya música comienza, salvo la obertura, en Mozart y termina en el más auténtico Beethoven.
No me gustó mucho el inicio de la orquesta, ante una de esas varias partituras que el autor escribió para abrir su única aportación al género operístico, pero luego fue creciendo hasta convertirse en uno de los triunfadores de la noche, junto con el coro, especialmente en su interpretación de la llamada “Leonora III”, mediado el segundo acto.
Las voces solistas, que sobre el papel presentaban un buen elenco, estuvieron bien, pero sin pasarse. Para  mí los mejores fueron la soprano rusa Elena Pankratova (Fidelio-Leonora) y el bajo alemán Wilhelm Schwinghammer (Rocco). En el polo opuesto estaría el también alemán Thomas Gazheli, cuyo Pizarro, aunque de voz potente,  me pareció más el malo de una película de dibujos animados que el de una ópera seria.
La escenografía de Plaza, producción propia del Teatro, que ya conocíamos de hace no sé cuántos años, es escueta. Dos enormes colchones de goma espuma, a decir de una de mis vecinas de localidad, simulando dos losas que simbolizan la opresión, representan durante casi toda la obra las mazmorras del trianero, inquisitorial y desaparecido Castillo de San Jorge.  Sólo al final, tras la liberación de los prisioneros, entra la luz más plena en escena y puede apreciarse el skyline de la ciudad presidido por la  Catedral y la Giralda, de manera que nadie puede llamarse a engaño acerca de dónde nos encontramos.
Por cierto ¿conocen ustedes a muchos sevillanos, o sevillanas, que se llamen Fidelio, o Leonora, o Florestán? Yo no sé estos libretistas qué guías de teléfonos miraban para ponerle los nombres a los personajes.

domingo, 1 de octubre de 2017

EL REFERENDUM DEL TRES POR CIENTO

A esta hora de la tarde del 1 de octubre de 2017 este blog está en condiciones de adelantar a sus lectores en exclusiva el resultado del referéndum (o lo que sea) que se está celebrando hoy en Cataluña con absoluta anormalidad democrática.

Este resultado lo tiene ya desde hace días el sedicioso Puigdemot el Pilós en un sobre (dónde si no) que guarda celosamente en un cajón de su mesa de despacho, y que se hará público al final de esta infausta jornada, una vez que haya terminado la farsa de las votaciones en cubos de basura, sin censo, con mesas constituidas de aquella manera, sin interventores, sin papeletas,  sin control, sin nada, que para imponer una cacicada no son necesarios tantos remilgos.

Pero nosotros nos hemos adelantado,  gracias a la habilidad investigadora de  nuestros colaboradores,  y vamos a publicar antes de tiempo el escueto contenido de dicho documento, que dice así:

“¡Se sienten, coño!

Vamos a dar lectura a los resultados del referendum.

Una vez escrutado todo lo escrutable el resultado es el siguiente 

Votantes sobre el total del censo electoral………..…...….3%
Votos válidos emitidos …………………………………..3%
Votos nulos……………………………………………….3%
Votos en blanco………………………………..…………3%
Votos SI…………………………………………………..3%
Votos NO…………………………………………………3%

Por consiguiente, y según ya estaba previsto,  queda proclamada la independencia de la República Catalana de los mangantes del 3%.”


Así que ya saben, pueden ahorrarse el estar pendientes del “recuento” y dedicar su tiempo de esta tarde de domingo a ocupaciones más placenteras. Y D. Mariano Rajoy, cuando se levante de la siesta, y lea esta exclusiva, ya puede ir pensando  si ya es hora de dejar de abochornarnos a los españoles con su indolente dejación de responsabilidades.

miércoles, 2 de agosto de 2017

LA GUERRA

Aprovechando que el lunes estaba de rodríguez, algo a lo que los de nuestra generación no estamos tan acostumbrados como los de la de nuestros padres, me atreví a echar una canita al aire, y me fui al cine…yo solito.
Tenía interés en ver Dunkerque, la última creación de Christopher Nolan, de la que había leído elogiosos titulares de comentarios y críticas en los periódicos que se hacen eco de su estreno. Además la daban en mi sala favorita: el viejo cine Cervantes de la calle Amor de Dios.
Allí estábamos, a la hora de la última proyección, seis personas contadas perdidas en la inmensidad del patio de butacas del añejo  teatro. Adelanto que la experiencia no fue del todo satisfactoria. Dunkerque es sin duda una gran película, pero una gran película de cine bélico. Y a mí a estas alturas el cine bélico me empacha un poco. Prefiero otras músicas, de percusión incluso, distintas de la de las bombas y las ráfagas de ametralladora. Y en Dunkerque hay mucho de esto, aunque la banda sonora también es notable. Pocos aunque buenos diálogos y acción, mucha acción. Recuerdo que en  mi infancia me fascinaron películas como Objetivo Birmania, mítica para mí porque mis padres no me querían dejar  verla una vez que la echaron en la tele por aquello de los rombos (¿recuerdan?).  Yo sabía que Dunkerque iba de guerra (de qué si no), pero esperaba otro enfoque no tan guerrero. Grandes películas hay en torno a la guerra donde no salen tantos tiros.
La película nos muestra el horror de la guerra, por tierra mar y aire. Y aún así lo hace de una manera plástica, de gran estética. Nada que ver con las guerras de verdad que acostumbramos a ver en los telediarios, desde Siria a Irak, desde Afganistán a Bosnia. Indudablemente es una película de una factura técnica impecable, con unas escenas y una fotografía sorprendentes. Es por esto que este tipo de cine ejerce esta atracción, más si lo ves en pantalla gigante, de las de antes. Por esto y porque, quiero pensar, que junto al horror están las historias de valor, de sacrificio y de abnegación gracias a las cuales el mal se mantiene a raya y termina siendo vencido. Esto es algo que a algunos todavía nos seduce, aunque vivamos en una sociedad cada vez más entregada y hedonista, no se yo si tan dispuesta a defender “nuestro hogar” como lo hicieron aquellos héroes, hombres y mujeres, que no se dejaron avasallar por el totalitarismo.

Ojalá no hubieran sido necesarios   tantos héroes porque no hubiera habido tantos villanos. La guerra es mala, horrenda, atroz. Pero hay “paces” que son peores.