sábado, 14 de junio de 2014

¡QUE NOS LA LLEVAN! (PERO NO)

“Alejándome todo lo posible del centro de la villa, llegué a la plazuela de Palacio, donde me detuvo un obstáculo casi insuperable; un gran gentío, que bajando de las calles del Viento, de Rebeque, del Factor, de Noblejas y de las plazuelas de San Gil y del Tufo, invadía toda la calle Nueva y parte de la plazuela de la Armería. Pensando que sería probable encontrar entre tanta gente al licenciado Lobo, procuré abrirme paso hasta rebasar tan molesta compañía; pero esto era punto menos que imposible, porque me encontraba envuelto, arrastrado por aquel inmenso oleaje humano, contra el cual era difícil luchar.
Yo estaba tan preocupado con mis propios asuntos,  que durante algún tiempo no discurrí sobre la causa de aquella tan grande y ruidosa reunión de gente, ni sobre lo que pedía, porque indudablemente pedía o manifestaba desear alguna cosa. Después de recibir algunos porrazos y tropezar repetidas veces, me detuve arrimado al muro de Palacio, y pregunté a los que me rodeaban:
-¿Pero qué quiere toda esa gente?
-Es que se van, se los llevan -me dijo un chispero-, y eso no lo hemos de consentir…"

Así narra Benito Pérez Galdós, a través de su personaje Gabriel de Araceli,  cómo al amanecer del 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid se concentraba junto al Palacio Real intentando impedir la salida de los últimos miembros de la familia real que aún permanecían en España, entre ellos el infante Francisco de Paula,  camino de Bayona.

Algo así es lo que debió ocurrir en días pasados junto al Palacio de San Telmo. Cuando la gente supo por los periódicos (digitales y de papel, que aún los hay) que se barajaba llevarse a Susana Díaz a Madrid para hacerse cargo de lo que queda del PSOE, el pueblo llano poco menos que se amotinó y acudió en masa a pedir a la presidenta de la Junta “no te vayas todavía, no te vayas por favor..” Tal fue el revuelo popular que la dirigente socialista hubo de acudir con urgencia a una conocida cadena de radio para anunciar que de lo dicho no había ná, que ella se quedaba aquí porque se lo pedían sus votantes (se olvidaba la señora de que a ella no la ha votado nadie, pero eso es un detalle sin importancia). Lo que no consiguieron los madrileños lo habíamos conseguido los sevillanos.

Esta es poco más o menos la versión oficial, adornada con un poco de literatura. A diferencia de Galdós, que se basa fundamentalmente en hechos históricos, aquí casi todo es ficción. Pero quién sabe si en un futuro no se la contarán así a nuestros nietos. La verdad es que la gran lideresa, que es lista como el hambre, algo que habrá heredado de su casta fontanera, ha medido sus fuerzas antes de dar el salto, y como ha visto que se la podía pegar, ha dicho: de aquí no me muevo no vaya a ser que me pase que por irme de Sevilla, pierda mi silla. La medición de fuerzas –dentro del partido, por supuesto- es una de las asignaturas principales que debe aprobar un político de éxito. La de gobernar bien es una maría, da igual la nota que saque, pero esta otra es fundamental. De hecho a esta señora aún no se le conoce acción de gobierno, y sin embargo ahí está en el candelero optando a todo. Siempre se ha dicho, y nadie lo pone en duda, que Susana es una mujer de aparato. Su carrera política así lo demuestra. Y un político de aparato asciende porque tiran de él desde arriba, no porque le empujen desde abajo. Ella ha pretendido que desde arriba le despejasen el camino de su marcha triunfal, única manera de asegurarse la elección. Pero como no lo han conseguido, y mira que lo han intentado, pues ha dado el paso atrás. Ella no va a presentarse a un congreso donde se elija conforme a una votación abierta a toda la militancia (o eso dicen). Capaz es de perder y queda como la chata. Además, la cosa está tan malita en el PSOE que aún en el caso de ganar, con un panorama  tan feo quizá sea mejor esperar bien resguardada en su feudo andaluz donde tiene acreditada resistencia a cualquier circunstancia adversa. Ello es coherente también con que haya anunciado su neutralidad respecto de los candidatos que van surgiendo. Seguramente no querrá que el que gane lo haga con la suficiente fuerza como para cerrarle por mucho tiempo el camino hasta la cumbre, que ahora de momento ha reusado transitar. Pura táctica, que es lo importante en un político hoy en día.

Pero para la propaganda que tan bien maneja el régimen lo que quedará es que Susana Díaz -esa mujer que cuando habla parece que en cualquier momento puede arrancarse por peteneras, de lo sentía que es- ha sacrificado su imparable carrera política por salvarnos a los andaluces y las andaluzas, algo que nunca tendremos nosotros y nosotras -¿se dice así?- con qué pagarle y que tendremos que agradecerle eternamente.

sábado, 7 de junio de 2014

CONVERSACIÓN EN LA RED

Sin duda son muchas las cosas que han ocurrido en la vida política española en las últimas semanas que merecerían una reflexión o un comentario. Elecciones, fenómeno Podemos, sucesión en el PSOE, abdicación del Rey, debate monarquía-república... Me voy a referir a esto último al hilo de un diálogo tuitero que mantuve con un destacado dirigente político andaluz que en estos días propugna un referéndum –inconstitucional por cierto- sobre la cuestión.
       Estaba yo viendo el programa de Paco Robles en Sevilla Televisión, que tuvo la gentileza de dedicarle unos minutos –bastantes- a la concentración de cuatro gatos que hubo en la Plaza Nueva pidiendo al advenimiento de la III República, cuando escucho a Antonio Maíllo: hay que dejar a la gente que elija entre monarquía o república, que es lo mismo que elegir entre monarquía y democracia real. Explicaré antes que nada, porque esto probablemente haya mucha gente que no lo sepa, que  Maíllo es   el coordinador general de IU en Andalucía. Un perfecto desconocido para la población en general, pese a lo cual él se considera representante del pueblo “de verdad”. Cualquier persona con medianas entendederas puede llegar a la conclusión de que para Maíllo, a tenor de sus argumentos, la monarquía no es democrática, que es por consiguiente  como decir que el sistema constitucional vigente en España no lo es. Sorprendido por semejante afirmación -lo digo con ironía, porque nada malo de esta gente puede sorprenderme- me apresuré a poner un tuit en mi cuenta en el que decía
- No sé qué hace @iuandalucia en un gobierno no democrátco (según @MailloAntonio) como el de la Junta.
      Al rato Maíllo me pregunta 
         -¿ dónde he dicho eso?
- @MailloAntonio cuando dice, falazmente, que hay que elegir entre monarquía o democracia- le respondo.
- @eneas_i etimológicamente hay contraposición entre "el poder del pueblo" y "el gobierno de uno solo", y políticamente también, abrazo- intenta explicarse Maíllo.
- @MailloAntonio debería ud saber q el rey d España no gobierna.Sin embargo sí lo hace su formación política en Andalucía sin ganar elecciones- le contesto.

Fin de la conversación.

         Como se ve el sr. Maíllo es un ignorante, cosa que no creo, o un farsante, algo que me cuadra más con el personaje. No tiene empacho en retorcer las palabras y los conceptos y luego hacer gracietas con la etimología –como filólogo que es- para taparse las vergüenzas de las mentiras y falacias que utiliza en su demagógico discurso político. Él y los suyos lo que persiguen no es una república sin más, sino un régimen comunista. De hecho, de la II República que hoy tanto reivindican, los comunistas fueron los primeros enemigos porque la consideraban burguesa. Lo que les molesta no es el rey, sino las libertades individuales. Ahora es obvio que no se conformarían con una república, por ejemplo, como la francesa. Lo que ellos pretenden es el modelo Venezuela, Cuba o Corea del Norte, donde las libertades son pisoteadas o ni existen, los discrepantes son encarcelados y el “poder del pueblo” es ejercido por unas castas diez veces más corruptas que la que aquí critican, con la única diferencia de que les son ideológicamente afines.
         Me parece muy bien que quien quiera defienda la república o cualquier otra forma de estado. Estaría dispuesto a discutirlo y a considerar las opciones. Pero siempre que pudiese hacerlo con gente decente intelectual y políticamente, lo que a la vista está que no es el caso. 
       Parafraseando a Zavalita en la célebre “Conversación en La Catedral” podríamos preguntarnos, en relación a nuestra historia más reciente: ¿cuándo se jodió España? Sin duda, diría yo, cuando ciudadanos como Maíllo empezaron a tener peso en la vida política española. Sobran los corruptos, pero también los demagogos.


jueves, 1 de mayo de 2014

ESTADO VAMPIRO

Asistí la semana pasada a la presentación en Sevilla del último libro de Juan Ramón Rallo que con el título “Una revolución liberal para España” ha sido editado recientemente por Deusto. El acto tuvo lugar en el Colegio Claret a iniciativa de Students For Liberty, una organización internacional de jóvenes liberales con presencia en nuestro país y, concretamente, en nuestra ciudad, que piensan que una mayor libertad es la mejor fórmula para resolver muchos de los problemas del mundo actual. Cosa rara y harto sorprendente porque según aparece en los medios habitualmente, en España, y más concretamente en Andalucía, sólo hay jóvenes defensores de “lo público” y del paternalismo estatal.
         JuanRamón Rallo es una de las figuras más destacadas del panorama académico actual en España, tanto por su trabajo de investigación como por su incansable labor de divulgación a través de todos los medios disponibles en prensa digital y tradicional, radio, televisión y redes sociales. A sus treinta años ha tenido tiempo de doctorarse en Economía, licenciarse en Derecho, u obtener un máster en Economía de la Escuela Austriaca. Actualmente es profesor en varios centros de educación superior y director del Instituto Juan de Mariana.
         Sigo hace algún tiempo a Juan Ramón Rallo, cómo no,  con sentido crítico. Él es un liberal acérrimo desde unos postulados estrictamente económicos y, en mi opinión, más bien teóricos. Por mi parte prefiero un liberalismo más práctico y realizable, con ingredientes más variados que el de la frialdad de los números. Más pegado a la realidad del mundo altamente socializado –mucho más de lo que pensamos- en que nos movemos  y en el que parece que mucha gente se encuentra a gusto, quizá porque no es consciente de los costes, en términos de libertad individual, que este tiene. Además  Rallo en el Estado por lo general parece que  sólo ve inconvenientes, y yo, aparte de estos, también le veo algunas ventajas, siempre que su función se limite a esos campos en que puede proporcionarlas. Pero en lo que estoy absolutamente de acuerdo con él es que la dimensión y el peso del Estado en nuestras vidas debería de reducirse considerablemente, con lo cual los dos vamos a contracorriente del pensamiento imperante.
        No he tenido tiempo aún de leer el libro en su totalidad, pero su planteamiento general es el siguiente: en nuestro país el Estado detrae coactivamente para sí nada menos que el 50% de los recursos que genera nuestra economía. Consiguientemente los ciudadanos individualmente  perdemos la posibilidad de decidir libremente sobre el destino de esos recursos que obligatoriamente hemos de entregar a políticos y burócratas para que decidan por nosotros. Esta situación se acepta, entre otras cosas, porque parece que no hay alternativas para hacerlo de otra forma en nuestras actuales sociedades. Rallo va demostrando sector por sector que sí hay otras opciones para que los ciudadanos tenga mayor capacidad de decisión y elección respecto a la sanidad, la educación o las pensiones  mediante fórmulas liberales, de forma que al final, los recursos manejados por el Estado quedarían reducidos al 5%, sin que por ello los ciudadanos dejen de percibir esos servicios.
          No sé si esa reducción tan drástica sería la deseable, porque como ya he dicho antes, pienso que en la política y en la organización de la sociedad hay que tener en cuenta factores que no sólo son los económicos. Pero entre el 50 y el 5 hay un amplísimo trecho en el que seguramente se pueden encontrar puntos intermedios. Lo que no es soportable es la situación actual, que lastra gravemente el progreso económico y social por la constante dependencia del esclerotizado y tantas veces corrupto aparato estatal. Lo que pasa es que la gente por lo general piensa que en este Estado, que hemos llamado de bienestar (¿para quién?), los ricos financian los servicios que se prestan a los pobres. Pero esta es una percepción equivocada, como demuestra por ejemplo el caso del “mileurista”, cuya posible disponibilidad de renta se ve mermada nada menos que un ¡¡cuarenta y cinco por ciento!! como consecuencia de impuestos y cargas sociales. Con lo que la transferencia no se produce entre ricos y pobres, sino entre pobres y pobres o a lo sumo, entre pobres y más pobres todavía. Eso sí, actuando por medio el burócrata de turno que decide por nosotros lo que más nos interesa. A un Estado que nos chupa la sangre de esa manera no se me ocurre otra forma de llamarlo que Estado-vampiro. Creo que merece la pena estudiar algunas de las propuestas de Rallo, a ver cómo nos lo quitamos de encima. Porque a este bicho con una simple ristra de ajos y un crucifijo no lo espantamos.




jueves, 17 de abril de 2014

MI VECINA

Tengo una vecina muy especial. Se llama Esperanza. Es la más veterana del barrio. Lleva residiendo aquí desde hace casi cuatro siglos. Vino de Nazaret y se estableció primero en San Basilio -¿acaso antes en el hospital?- después en San Gil y ahora en la Basílica. Sin embargo mantiene toda su hermosura y lozanía. Tan es así que una primavera tras otra siempre dicen que por abril cumple diecinueve años. A lo largo de la historia la dibujaron pintores que intentaron captar lo inefable de su sonrisa entre lágrimas. Azulejos con su imagen adornan zaguanes y fachadas por San Luis, Torres, Feria, Escoberos, Parras, Pozo, Escuderos, Doña María Coronel…La cantaron poetas que dijeron de Ella -en prosa y en verso, por escrito o de viva voz-  las palabras más hermosas que decirse puedan de una madre, que es la Madre de Dios. Deslumbró a cineastas. Inspiró monumentos del cante jondo -¿verdad, Manuel Cuevas?- en forma de saetas por seguiriyas o martinetes. La admiraron reyes y dictadores;  presidentes del gobierno o ministros. La veneraron figuras del toreo y señoras de la copla. Pero también la visitan durante todo el año gentes anónimas de todas partes de España y del mundo. Ella es Reina y es muchacha del pueblo al mismo tiempo.  Mas tengo para mí que con quien mejor se entiende no es con los poderosos, sino con los pequeños y humildes de corazón. Con las monjitas que fueron madrinas de su coronación, hace ahora cincuenta años. Con la gente sencilla que le reza en los cientos de estampas que se reparten diariamente en su templo. Con los que en pleno diciembre hacen largas colas en la calle sólo para  tener un instante de cercanía cara a cara con Ella en su besamanos.
Hoy es Jueves Santo. Mañana si Dios quiere, esta noche misma, podremos saludar a esta vecina singular  por las calles del barrio. Por el camino que recorro para llevar a mis hijas al colegio. Ante la panadería donde hacen el pan nuestro de cada día. Junto al “chino” que resuelve desavíos. Donde la farmacia, por el mercado, la biblioteca o la librería, por el bar donde voy a veces a ver el fútbol con los amigos…Si el tiempo no lo impide, Ella pasará por esos lugares. Quien tanto sabe de penas consolará quebrantos con su presencia. Desde mi casa sabré que se acerca por el eco de cornetas y tambores de la centuria romana que la precede acompañando a su Hijo; por el rumor del bullicio de inusitada expectación que levanta. Pasará la Macarena,  y a su paso, quedarán bendecidos por su gracia todos los rincones en los que hoy discurren los momentos de mi vida más cotidiana.


viernes, 11 de abril de 2014

NAZARENO EN SANTA MARINA


La cosa está entre la historia y la leyenda. Cuentan que allá por una fecha de la que por lejana no se guarda memoria, un ladronzuelo prófugo de la justicia entró apresuradamente en la iglesia de Santa Marina huyendo de los alguaciles que le perseguían. Ya en el interior del templo halló abierta la puerta que daba acceso a la torre, antiguo alminar de mezquita, y pensó que sería buen lugar para ocultarse. Subió por la empinada escalera, y observando la abertura de un hueco sobre lo que sería la cúpula de la capilla bautismal, intentó introducirse en el mismo, descubriendo entonces que en el reducido habitáculo ya había sido antes utilizado como escondite, en esta ocasión para una imagen de terracota de la Virgen con su Hijo muerto en los brazos, a la que de inmediato se encomendó, logrando zafarse de sus perseguidores y abandonando desde entonces su vida delictiva. Fue tal la devoción que el suceso y la imagen de la Piedad suscitaron entre la feligresía que se dio origen a una hermandad con esta advocación que durante cuatro siglos permaneció en Santa Marina, hasta que el fuego provocado por unos desalmados destruyó buena parte de la  fábrica del templo. De aquél hecho luctuoso la hermandad renació reinventándose a sí misma. Cofrades como Guillermo Serra, Curro Sousa, Dionisio Gómez  o Antonio Migens, a los tres últimos de los cuales tengo la satisfacción de haber llegado a conocer, lo hicieron posible en su actual sede del exconvento de la Paz.

Desde que resido en la collación de Omnium Sanctorum, cada Viernes Santo repito el mismo rito. Sobre las cinco de la tarde comienzo a vestirme de nazareno, mientras suena la música de Bach. Si no fuera sevillano me gustaría estar allí alguna vez, en la Iglesia de Santo Tomás de Leipzig, asistiendo en directo a la interpretación de una de las pasiones del genio de Eisenach compuestas para la ocasión. Pero estoy en Sevilla, en un barrio que por la mañana fue inundado por la Esperanza, y que ahora ha quedado quieto, enmudecido porque ya todo se ha consumado. Ciño el cíngulo amarillo sobre la sotana morada. Me coloco la capa negra con el escudo de la Piedad, recuperado hace unos años, sobre el hombro izquierdo. Me pongo el alto capirote con el antifaz negro. El escudo de la hermandad queda sobre el pecho. Salgo de casa. Cojo por Relator, llegando al Pumarejo, donde giro a la derecha para embocar San Luis, la larga vía que va desde el Arco hasta San Marcos y que fue entrada de reyes a la ciudad. Hacia mitad de la calle me encuentro con la vieja iglesia mudéjar. Allí está, como siempre. Muchas veces paso por este lugar, pero hoy es un día especial. Ralentizo el ritmo de mi andar hacia Bustos Tavera. Miro a la torre, escudriño en el hueco que alberga la campana. Observo el dibujo de los rosetones, las arquivoltas de la ojiva, las catorce cabezas de león que sustentan el tejaroz, los motivos que adornan la imposta, la imagen de Cristo sobre la clave del arco…. Intento recrear en mi imaginación viejas estampas que conozco por fotos de un paso que es el mismo que acompañaré, si Dios y el tiempo quieren, dentro de unas horas en su procesión a la Catedral, pero adornado y dispuesto de muy diferente manera. Imagino el bullicio del barrio en torno a su cofradía, la música de la banda del vecino hospicio, ambiente tan distinto todo del que hoy rodea nuestra estación. Tengo un recuerdo para tantos que vistieron el mismo hábito antes que yo. En la soledad de la calle a esa hora en que comienza declinar el día, algún transeúnte despistado que me mira con curiosidad quizá ignore que está viendo una estampa que se repitió durante siglos. Tarde de Viernes Santo. Un nazareno de la Piedad junto a la puerta de Santa Marina.

domingo, 6 de abril de 2014

LA ESENCIA

Foto: Salvador Navarro
           Siempre se ha hablado de los contrastes en la Semana Santa de Sevilla. De las cofradías de barrio y del centro, de la Madrugá de silencios y alborozos, de las cofradías de capa y de las de cola. Sin embargo parece que en la mente de algunos sólo cabe un pregón, olvidándose de la diversidad que otras veces se ensalza.
         Si el pregón de Francisco Javier  Segura fue rompedor y exuberante en las formas, no sin sentido religioso, el de Francisco Berjano ha sido un pregón sobrio y austero, como es acorde a la persona que preside una cofradía como la de la Vera Cruz, que sin ir más lejos, hace un par de años, tuvo la “osadía” de dejarse los pasos en su capilla del Dulce Nombre de Jesús e ir a la Catedral con sólo lo esencial: el Santo Lignum Crucis, la Cruz, que es el origen de todas nuestras cofradías penitenciales y a la que siempre seguimos en nuestras estaciones. Entiéndase esa sobriedad y austeridad al sevillano modo, que tampoco esto es Castilla y siempre caben guiños a los legionarios del Porvenir, a las formas baratilleras o la Esperanza...Pero si el pregón del año pasado fue de terciopelo y escudos bordados, el de este año ha sido más de ruán y esparto. No por ello menos válido, puesto que si de anunciar nuestra Semana Santa se trata no está de más que, aunque sea de vez en cuando, el  pregonero se centre más en la esencia que en la forma, que en todo caso, no dejó de ser hermosa por lo que de vivencia personal y autenticidad puso en ella su autor. No ha sido un pregón poético, pero tampoco un pregón de tostonazo doctrinal. Ha utilizado un lenguaje sencillo y asequible a todo el mundo, llamando a las cosas directamente por su nombre sin rebuscamientos. De una manera muy natural y nada artificiosa. A mi me han gustado especialmente el principio, con esa recreación de cómo se viven las ilusionantes horas iniciales de nuestra Semana Santa allende el Parque de María Luisa, y el final, cuando ha recordado que pertenecemos a una única Iglesia, que es la misma que la de los kikos, los focolares o que la de cualquier otra realidad eclesial de entre la amplia variedad que inspira el Espíritu. No somos una  “secta” adoradora del incienso, la banda, la revirá –palabra que yo también, como el pregonero, considero abominable- o la bambalina. 

           Seguramente no ha sido el tipo de pregón que  al consumidor habitual de este producto le gusta escuchar, pero probablemente era el tipo de pregón que hacía falta dado el derrotero que en algunos aspectos está tomando el mundillo cofrade. Dejando aparte la forma en que se produjo, que no voy a comentar porque me he propuesto intentar no molestar a nadie, la elección de Berjano tenía una finalidad clara, y esa finalidad ha sido cumplida con creces, y de una manera perfectamente ajustada al canon cofrade. Al menos al que yo aprendí, probablemente lejano al frikismo que hoy impera.   

sábado, 5 de abril de 2014

PRESUMIDO

Entre los personajes secundarios de los pasos de misterio de nuestra Semana Santa  los hay guapos y los hay feos. Los romanos, por ejemplo, suelen ser agraciados. Se ve que lo de la Bética tira, incluso para los sevillistas en este caso. Ya se sabe que a Pilatos, el jefe de todos ellos, algunos capillitas incluso le agradecen que se lavase las manos. Por el contrario el personal de la parte hebrea de la historia tira más bien para feíllo. Será por el poso de los siglos de antijudaísmo. Para muchos sevillanos, no muy al tanto de las modernas tendencias en la Iglesia, los judíos son todavía “los que mataron al Señor”, mientras que los romanos son los que le dan escolta detrás del paso de la Sentencia. ¡Qué cosas, cuando el propio Jesús y todos sus discípulos fueron judíos! Pero volviendo al tema de los guapos y de los feos, que es a lo que iba, de entre estos últimos  unos deben su fealdad a la concepción  del  artista, que ha utilizado este recurso para así resaltar su maldad, mientras otros son así, simple y lamentablemente, porque su autor no daba más de sí y no supo hacerlos de otra manera. Porque no todo lo que hoy procesiona por Sevilla es una obra de arte, por mucho que esto moleste a los talibanes del “igualitarismo”. No vamos a entrar ahora a diferenciar a unos y a otros para no herir susceptibilidades, pero quien más quien menos lo sabe.
       El equino que precede al Señor de las Tres Caídas (¿hace falta de decir de dónde?), “personaje” secundario protagonista de este comentario, no tiene este problema. Pertenece al privilegiado grupo de los guapos.  Él lo sabe.  Muchos años lo he visto cómo va asomando su hocico poco a poco  por el Arco del Postigo –picando un mijita con el izquierdo…y ahora rompemos que nos vamos par Baratillo-  en esa hora frontera de la amanecida en que en la calle Arfe el olor sagrado del incienso se mezcla con el profano del aceite hirviendo  de los calentitos. Ahí está el tío, en esta foto de la Madrugada del pasado año. También él adelanta el izquierdo para acompasarse al andar trianero de  su cuadrilla. Seguro de su apostura, cercano ya el momento en que conquistará definitivamente Sevilla cuando entre formando el taco en la Campana, y aprovechando el parón  obligado,  se mira y se gusta  el Caballo de Triana en el  espejo que le ofrece el escaparate de la tienda de Pepe Cañete, conocido establecimiento que marca el estilo de la rancia elegancia  sevillana. Dicen por el arrabal que atiende al nombre de Calamar, pero yo, viéndolo así, tan bien plantado ante el espejo, le llamaría Presumido, que es nombre de caballo guapo.

domingo, 30 de marzo de 2014

AUSENCIA


La calle Relator lleva el nombre de un viejo oficio forense. Como Procurador hay en Triana, o Letrados de Sevilla en el Prado,  hay Relator entre San Gil y Omnium Sanctorum, larga y orientada de levante a poniente, aunque ya no exista esta figura en nuestros tribunales.
En ella estuvo hasta la desamortización de Mendizábal el antiguo Convento de San Basilio, sede en diversos periodos de las hermandades de la Macarena, la Cena o la Lanzada, en cuya ubicación hoy se levanta una iglesia anglicana.
En la misma calle están también la veterana Relojería Borrero,  el  bar  Los Niños del Flor, con sus veladores en el ensanche en que antaño estuvo la Cruz de los Desamparados, la panadería de Ana –mi panadera-, o la taberna-librería de Gonzalo Molina, que regentan sus hijos Manolo y Luisa, mantenedores de este inclasificable y apuntalado santuario de la delicia gastronómica que son las alitas de pollo, por donde se me antoja que cualquier día podría aparecer el fantasma de Núñez Herrera.
Es una calle habitualmente bastante frecuentada y animada, con gente variopinta que va y viene a todas horas. Sin embargo el aspecto de la foto que ilustra este texto es el que presentaba la tarde del Lunes Santo del pasado año 2013. Paso por ella casi a diario y pocas veces la había contemplado tan desolada y triste. Y es que el día anterior, Domingo de Ramos, aquello que se esperó durante un largo año, había vuelto a frustrarse. Dos años ya sin transitar por ella el cortejo azul y plata de la Virgen de la Hiniesta. Dos años sin nazarenos es mucho tiempo para una calle con las medidas exactas para servir de marco perfecto a una cofradía. Dos años sin contemplar el paso a la vez sobrio y colorista del Cristo de la Buena Muerte. Dos años sin que el sol de domingo  que se pone por la Alameda se cuele entre la candelería buscando el bello  rostro de la dolorosa que llega desde San Julián, después de atravesar milagrosamente la ojiva y de escuchar saetas y campanilleros en el Pumarejo, y que se encamina con el garbo que imprimen las grandes cuadrillas hacia Feria.  Dos años ya sin Ella es mucho tiempo para una calle que tiene las medidas perfectas para enmarcarla… Si llegara un tercero, no lo quiera el cielo, es posible que escuchásemos gritar a los adoquines de la calzada, sollozar a la cal de las fachadas y gemir a las rejas de ventanas y  balcones lamentando el vacío enorme que provoca su prolongada ausencia.  



sábado, 22 de marzo de 2014

DEL VIEJO NUEVO ESTUDIO


Cuando vine a vivir aquí, el caserío del viejo barrio de la Feria estaba ya muy remozado. Mi propia nueva casa se levantaba sobre el solar de lo que habría sido antes un corral de vecinos y lo mismo ocurre con otras muchas edificaciones del entorno. Pero aún quedaba en pie algún vetusto inmueble cuya antigüedad se pierde en la memoria. Era el caso de una vieja casa, de una sola planta,  en el número 11 actual de la calle Antonio Susillo. Una casa vieja y con  historia, pues en ella había tenido su taller, en su época de máxima producción artística, el escultor umbreteño Antonio Illanes Rodríguez, autor las imágenes de las Hermandades  de San Roque y La Paz, del Stmo Cristo de las Aguas, de la Virgen de las Tristezas de la Vera-Cruz, del Stmo Cristo de  La Lanzada, o del Sagrado Corazón de Nervión. Illanes era un hombre de grandes inquietudes artísticas y culturales. Su labor en este campo no se limitó a su trabajo de tallista y pintor –él mismo pintaba sus imágenes, algo que consideraba fundamental en su estilo-, sino que fue académico, promotor de iniciativas culturales y también un estiloso escritor costumbrista según dejó plasmado en dos libros, en los que cuenta las numerosas anécdotas e historias relacionadas con su primer taller en la calle Santiago (Del viejo estudio), y luego con este del barrio macareno (Del nuevo estudio). No me resisto a transcribir la descripción que el propio artista hizo de su taller en este segundo libro, que tomo a su vez de un artículo de Pablo Ferrán publicado en ABC hace ya una década:
«Tiene el número nueve de la calle Susillo, antigua de Quesos, y mucho antes Corral de las Gallinas, la casa que compré por cuatro ochavos, pero que era buen dinero en aquellos casi fabulosos tiempos. Generación del 25 le han llamado algunos escritores. Es la vivienda soñada por un poeta, pequeñita y sevillana, antiquísima, quizás de tiempo de moro, y es lástima que algún día desaparecerá; campanilla monacal en la puerta, verdes rejas en las ventanas que horadan los gruesos muros y soportan solamente la techumbre; encima, aprisionada por los altos paredones que la cercan, las tejas suspirando cielos»
      
       A lo que parece, a pesar de la unción religiosa de sus imágenes, Illanes no era precisamente un místico, y su casa-taller fue escenario no sólo de la factura de estas obras que hoy suscitan la devoción de tantos sevillanos, sino también de numerosas reuniones de intelectuales y artistas, veladas literarias  y  fiestas a las que acudían relevantes personajes del cine, de la tauromaquia, del cante o del baile. Entre ellos se cuenta que una vez acudió allí nada menos que la famosa actriz Rita  Hayworth, con lo que nos podemos hacer una idea de que los saraos que se organizaban no serían cualquier cosa.

Azulejo conmemorativo en su estado orginal. Foto obtenida
del blog "Crónicas Julianas" de Julio Domínguez Arjona.
       Illanes murió en 1976, y su casa taller le sobrevivió hasta 2002, en que fue demolido para levantar en el solar un edificio de nueva planta. El estudio que un día fuera llamado nuevo, se había hecho viejo. En la fachada de la antigua edificación, varias hermandades de penitencia para las que había trabajado el escultor habían colocado un azulejo conmemorativo. Cuando vino la piqueta, el azulejo fue cuidadosamente desmontado, y después vuelto a colocar a la finalización de la obra. Pero el despistado alarife que se ocupara de ello equivocó el orden de las piezas, y puso las de arriba abajo y las de abajo arriba. Y se quedó tan a gusto. A lo mejor al hombre aquello incluso le parecería original, creativo, su toque personal. Como vivo casi al lado, y me topo con el azulejo cada vez que salgo de casa por el callejón de Teide, hace ya muchos años que lo comenté a algunos hermanos de las cofradías implicadas, pero no hubo reacción. El azulejo allí sigue, con su formato invertido, esperando que alguien venga a subsanar el desaguisado. Es un detalle pequeño, que sin embargo no deja de fastidiarme. Quizá esto que cuento no pertenezca a la gran historia de Sevilla, pero sí a la pequeña historia, a su intrahistoria. La de aquellos hombres y mujeres que con su arte hicieron grande nuestra Semana Santa. ¡Qué sería de nosotros sin esa historia!

domingo, 2 de marzo de 2014

CIEN

Con ésta he llegado a mi centésima entrada en este blog. Iniciado hace aproximadamente dos años, el 8 de marzo de 2012, sale a una media de casi entrada por semana. No está mal, para ser un mero hobby sin mayor propósito. En este tiempo he tratado muy diversos temas. Cuando comencé no tenía una idea clara acerca de lo que iba a escribir. Los temas profesionales los he dejado para otros ámbitos más especializados. La política ha sido un componente importante, sobre todo al principio. Pero a veces llega a aburrirme tanto –relación de amor/odio- que he preferido ocuparme de otras cuestiones más agradables como puedan ser el deporte, algo de cofradías –pero poco-, otros temas de actualidad ocasional, una pizca de literatura, y especialmente de una de mis mayores aficiones como es la ópera, terreno en el que muy osadamente me he ido adentrando y del que ahora no sé bien cómo salir. Sé que esta variedad perjudica  el posicionamiento de un blog en los rankings -aprendiz de mucho, maestro de nada-, pero eso me permite escribir de lo que me venga en gana, y no ceñirme a una temática concreta. Además, yo escribo fundamentalmente para mí, porque necesito poner negro sobre blanco algunas ideas que me rondan la cabeza y cuando las veo en la pantalla me dejan espacio en las neuronas para otras. Pero está claro que no lo haría para publicarlo sin el apoyo de los que de vez en cuando o asiduamente me leéis. En más de una ocasión me he planteado dejarlo, porque no sé hasta que punto merece la pena exponerte a que cualquiera que te lea por ahí diga “vaya las tonterías que escribe este tío”. Pero aunque habrá muchos que lo piensen, siempre ha habido alguien que por el contrario  me ha dicho “te sigo” o “me gustó lo que escribiste” o cualquier cosa parecida. Y por su culpa he seguido haciéndolo, hasta hoy. Son ellos los responsables últimos de que esto ocurra. Por mi parte sólo puedo decir que lo siento.

martes, 18 de febrero de 2014

UNA VOCE POCO FA

Instantánea tomada en el entreacto. 
A pesar de ser lunes –mal día para la lírica- acudíamos al Teatro de la Maestranza con la ilusión de disfrutar de un gran espectáculo operístico que nos aliviara del siempre arduo comienzo de una nueva semana. Primero porque la música jocosa de Rossini es siempre vivificante, fresca, chispeante, por momentos alocada aunque  sin perder la compostura. Con sus crescendos, sus coloraturas, sus endiablados y multitudinarios concertantes…Segundo porque el elenco estaba formado por artistas suficientemente contrastados en el repertorio belcantista en general y rossiniano en particular como Marianna  Pizzolato, Edgardo Rocha, Carlos Chausson y el director Giacomo Sagripanti.
Pero la cosa no resultó tan feliz como nos la prometíamos. Para empezar me llamó la atención que una obra tan popular como La Cenicienta –aunque no tenga ratones, ni calabaza, ni hada madrina, ni zapatito de cristal-  no consiga llenar el Maestranza. Si Rossini no llena, algo inusual en la historia del teatro, aunque ha empezado a no serlo tanto en los últimos tiempos, ¿qué podemos esperar el año próximo con John Adams y su “Dr. Atomic”? Miedo me da.
Luego vino la obertura, pieza muy conocida e interpretada habitualmente en conciertos, que me resultó un tanto desvaída y sin pulso, lo que iba a ser un poco anticipo del resto. Seguro que Sagripanti, que combinó la dirección con el acompañamiento de los recitativos al fortepiano, a pesar de su juventud  sabrá mucho mejor que yo cómo tiene que sonar Rossini. Pero para mi gusto abusó, por lo general,  de un tiempo lento y remilgado. El brío no tiene por qué estar reñido con la elegancia. Será que aún no le ha cogido el punto.
En cuanto a las voces de los personajes principales sólo Chausson estuvo a la altura de lo esperado. Hizo un Don Magnifico de categoría, tanto en su desenvolvimiento escénico como en el canto. Los años parece que no pesan cuando se es un artistazo. Pero ni Pizzolato ni Rocha le dieron réplica. Ambos tienen bellas voces y buena técnica. A la mezzo siciliana la conocía de una muy buena Isabella (La italiana en Argel) que le vi el año pasado, pero ayer me resultó fría e inexpresiva. Una de las Angelinas más tristes que he visto.  El tenor uruguayo brilló en Si, ritrovarla io giuro”, mas en el resto anduvo medio perdido. No lo entiendo, porque tiene cartel y maneras. Tampoco los secundarios estuvieron muy allá. Quizá destacar que las hermanastras (Mercedes Arcuri y Anna Tobella) estuvieron por encima de Alidoro (Gierlach) y Dandini (Quiza). El coro, en esta ocasión sólo de voces masculinas, si que cumplió con creces su cometido.
La dirección escénica fue muy canónica, con una escenografía ingeniosa y agradable a la vista (por lo menos a la mía, que es de la que yo puedo hablar). Sólo dos peros: la horrenda indumentaria con que la protagonista  se presenta en el baile, y el detalle del sombrero alado, estilo camisitas voladoras en la reciente “Brokeback Mountain” del Teatro Real.
En definitiva el problema es que con sólo una voz, la de Chausson, poco se puede hacer en una obra  que precisamente  se inserta en el belcantismo. De ahí el título de este comentario,  aunque como todo el mundo sabe es el de una famosísima aria de Rosina en “El barbero…”, y no de Angelina en una Cenerentola que ciertamente supo a poco.




domingo, 9 de febrero de 2014

UNA INFANTA DEMASIADO IGUAL

La chusma resentida, que es numerosa en este país, ya tuvo su ración de morbo viendo entrar a una Infanta de España en el Juzgado a declarar como imputada en una causa penal. Ni siquiera los intolerables privilegios otorgados (llegó en coche casi hasta la puerta, no pasó el detector de metales....) alcanzan a soslayar el placer de haber podido contemplar semejante escena. Todos somos iguales, o eso dicen. Lástima que esa igualación sea siempre por abajo, nunca por arriba.
             Porque efectivamente la Infanta ha demostrado ser igualita que muchísimas otras esposas. Ha ido y ha declarado lo que podía esperarse conforme a la tan ensalzada igualdad. En esto mi colega Miguel Roca tampoco es que haya innovado mucho. Ha hecho lo que es de libro. Si yo hubiera sido el abogado de SAR -que es a lo que con gran sentido crematístico dice mi hija que tendría que dedicarme- le hubiera recomendado lo mismo. La Infanta no sabía lo que hacía su marido, confiaba en él, firmaba lo que él le decía y no hacía preguntas. No sé de qué se quejan los defensores de esa igualdad por abajo. No hay nada que reprochar por ese lado. No es la primera vez, ni será la última, que este tipo de declaración se escucha en un Juzgado. Probablemente sea verdad. Pero tampoco tiene que serlo, porque para eso se declara en calidad de imputado.
             Pienso por el contrario que lo objetable es que de la hija del Rey sería esperable un comportamiento distinto, no igual al del resto. Pero esto no lo pueden reclamar los igualitaristas. Un comportamiento ejemplar, diferente del de cualquier otra esposa que no perteneciese a la Familia Real, precisamente porque su situación le exigía un superior grado de vigilancia sobre cualquier aspecto que pudiera afectar al buen nombre y la reputación propios y de la institución monárquica. Es posible que tengan razón aquellos que dicen que la monarquía pierde su sentido cuando príncipes y princesas, infantas e infantes empiezan a casarse con plebeyos y a seguir sus costumbres. Pero claro, esto lo dicen unos señores que son unos reaccionarios. Hay que casarse por amor, igual que  todo el mundo. Y confiar ciegamente en tu amorcito, igual que todo el mundo.

            Precisamente por haberse comportado igual que todo el mundo es por lo que Dª Cristina debe renunciar a sus derechos dinásticos y salir de la Familia Real. Así podrá vivir tranquilamente su romance con su Iñaki, que nos ha salido rana. Como puede hacer cualquier hija de vecino, pero no la del Rey de España.

sábado, 8 de febrero de 2014

UN FALSO DILEMA

Navegando distraidamente por la red, recalando aquí y allá por los diarios digitales, de enlace en enlace, me topo con un articulito publicado  hace unos meses por Julio Anguita recordándonos algo que ya algunos sabíamos: para él, como para todos los de su ideología, democracia es igual a comunismo, de lo que se sigue necesariamente según esta concepción que sin comunismo no hay democracia posible. Democracia “real” le llaman. Anguita, y otros como él, incluso muchos que ni siquiera llegan a su extremo, abomina de los mercados. Piensa que deben ser sometidos por la política. Este es un lugar común que muchos han esgrimido durante la crisis: los malvados mercados son los culpables de cuanto de malo nos pasa.
Tengo yo otra percepción bastante diferente. Para mi el mercado es la expresión de la libertad económica, lo mismo que la democracia lo es de la libertad política. Con todos sus defectos y sus limitaciones, lo mismo en un caso que en otro. Hay quienes sacralizan la democracia como si esta no tuviera defectos, algunos corregibles y otros intrínsecos a la condición humana. Yo no lo hago, y tampoco sacralizo el mercado, pero creo que no hay menos democracia en este que el ámbito político.
Me recordaba un alumno en clase, objetando mi planteamiento,  que  entre poco más de setecientas empresas controlan el 80% de la economía mundial, con lo que ellas son realmente las dueñas del mercado. No sé si esto es realmente cierto, pues se refiere a las conclusiones de un reciente estudio no del todo contrastado, como tantos que salen por ahí. Pero aunque así fuera, me pregunto ¿y entre cuantas “empresas” dominan la política en España? ¿No tenemos los ciudadanos mucha más capacidad de elección y de decisión en el terreno económico que en el político? En política sólo podemos votar, normalmente, cada cuatro años, y entre un número de opciones ciertamente limitado. En el mercado votamos cada día comprando o no comprando aquello que nos gusta o nos desagrada, y las empresas suelen ser mucho más receptivas a los deseos de sus clientes que los partidos políticos a los de sus propios votantes. Sí, es cierto que a veces, las menos, no tenemos posibilidad de elección. En política casi nunca: o carne o pescado, con lo que si eres vegetariano…

En definitiva la oposición que algunos quieren hacer entre democracia y mercado, de manera que sólo existiría la primera cuando los segundos estuvieran dominados por el poder político, es puramente artificiosa, porque ambos son expresiones, cada una en su campo, de una misma cosa: la libertad. A quien no le gusta la libertad no puede gustarle el mercado, pero tampoco le gusta la democracia. Si acaso utilizan esta, vendiéndonos la ilusión de que decidimos nosotros,  para la consecución de sus fines, que no son otros que controlarlo todo. Y esto último, me temo, es una pretensión bastante extendida entre los políticos en general, no sólo comunistas.

viernes, 24 de enero de 2014

SOBRE SUELDOS Y SUELDOS

             
Ha dicho Luciano Alonso, que para quienes no lo sepáis, que seréis muchos, es Consejero nada menos que de Educación, y de Cultura y además de Deportes en la Junta de Andalucía, que el sueldo que cobra Pedro Halfter como director artístico del Teatro de la Maestranza está sobredimensionado, es decir, que le parece excesivo.
          A mi también puede que me lo parezca. La polémica sobre los cachés y los emolumentos que se mueven en el mundo de la música ya la abrió de manera explícita en nuestra ciudad el barítono Leo Nucci cuando nos visitó para interpretar Rigoletto el pasado año. Me pregunto en relación a esto cuánto de culpa tiene la intervención de tanto político en la gestión del mundillo musical, que al menos en nuestro país, está dominado absolutamente por las administraciones y con escasa presencia privada. Como ya se sabe que el dinero público no es de nadie, pues quizá se haya dilapidado de forma innecesaria cuando había para aparentar (¡esas fotos con Barenboim, que bien quedaban!) y ahora tenemos que lamentar que no lo haya. Pero de lo que no me cabe duda es de que Pedro Halfter tiene unos méritos y desarrolla una gestión y una actividad artística que justifican su salario. Me pregunto por el contrario cuáles son los méritos y la gestión del Consejero Alonso (Andalucía es la autonomía con mayores índices de fracaso escolar del mundo mundial y es la que menos invierte por alumno) para justificar el suyo, por mucho que este sea inferior al de Halfter. Quiero decir que las retribuciones son altas o bajas según el rendimiento y la capacitación de quienes las perciben. Y en este sentido la prueba del nueve es: ¿podría Halfter cobrar lo que cobra aquí en otro sitio? Seguramente sí. De hecho ha estado a punto de irse a Madrid a dirigir el Real. Por el contrario ¿podría Alonso cobrar el dinero que cobra como Consejero de la Junta de Andalucía en otro sitio? Seguramente no. De aquí otra vez al aula….a menos que le busquen otro chollo político.    
     El caso es que dicen que detrás de esto lo que hay es la intención de deshacerse de Halfter en junio. No sé cuáles serán los planes del maestro, quien ya he dicho estuvo a punto de hacer las maletas para la capital. Pero lo que me temo es que pretendan sustituirlo por algún amiguete que cobre poquito, pero que la postre salga caro porque no aporte nada. Es decir, que apliquen la política de la bicicleta –ya saben, esa de hacer carriles bici, en lugar de carreteras y metros- y nos lo quieran vender como un progreso porque ahora los emolumentos no estarían sobredimiensionados. Que ya lo decía aquella chirigota gaditana con música de la novena de Dvorak:

tengo una amiga 

que toca el violín

y otra el con-trabajo

desde que está en el PSOE...  


sábado, 18 de enero de 2014

EL REY ESTÁ DESNUDO

Como el fin de semana pasado estaba pachucho y no salí mucho de casa, me dediqué, con buena dosis de paciencia y disciplina, a ver la representación grabada el pasado día 7 de enero en el Teatro Chatêlet de París de la ópera Einstein on the beach que se ofrece en internet a través de Culturebox (now available). Eso sí, dosificada en tres sesiones de hora y media, para hacer más digerible el asunto. Si en la propia sala el público entraba y salía a su gusto, no iba ser yo menos en mi salón.
      Tenía gran interés por conocer esta obra de los estadounidenses Philip Glass (música) y Robert Wilson (escena) que ha sido calificada por muchos como una pieza maestra del siglo XX, pero que ha sido representada en contadas ocasiones desde su estreno en el Festival de Avignon en 1976. Se explica así que las funciones parisinas fueran a teatro lleno (à guichet fermé, para los franceses).
    Yo conocía alguna de las óperas de Glass (In the penal colony o The perfect american, estrenada esta última en Madrid el pasado año con bastante éxito) y algún trabajo de Wilson (que recuerde al menos su Pèlleas et Mélisande en la Ópera de París en 2012, que creo que debe ser la misma que se representó en el Real un año antes) que me resultaron interesantes. No voy a poner en duda la valía de ambos artistas. Pero en este caso, cualquier parecido con la ópera es mera coincidencia. No hay acción, los textos one, two, three, four... son inconexos y sin sentido (¿verdad Mr Bojangles?). Lami lami lami la la la música lami lami lami....dosolfa, dosolfa repetitiva hasta la desesperación domido, domido.... A veces hace que te duela la cabeza, a veces no te dice nada, and these are the days... y aunque te lo diga it could be....a balloon..... Música trance creo que se llamaba entonces lo que ahora se conoce como minimalismo. Tampoco la escenografía, ballets incluidos, me resultó especialmente atractiva. Sólo la escena final (knee play 5) alcanza un notable lirismo con el hermoso texto de Samuel M. Jhonson. Eso sí, es de destacar la meritoria interpretación it it it it de músicos, bailarines, actores gun gun gun y cantantes, que deben de llevar un computador en la cabeza que cuenta las repeticiones para saber cuándo tienen que cambiar, the ones are like....
       Sin duda es una obra genial, singular, diferente...Es una obra rupturista, experimental, de vanguardia...tanto que se pasa tres pueblos. Hace falta, creo yo, tener valor para concebir algo así y presentarlo al público. Lo curioso es que éste, el respetable, aplaude con entusiasmo al final de las casi cinco horas de representación, con Glass, Wilson y la coreógrafa Lucynda Childs en el escenario, sin que nadie salte y diga “¡¡el rey está desnudo!!”. Esa es sin embargo my friends la sensación que me dio a mi, rancio e ignorante cateto de provincias, y no me corto un pelo al decirlo. Son las cosas del arte contemporáneo, en el que la línea que separa lo sublime de lo ridículo es tan tenue que a veces se traspasa con suma facilidad. En este caso yo diría que más que de ridículo se puede hablar de absurdo. Claro que ¡mira que empeñarme en buscar un sentido! Gente no tan provinciana como yo sin embargo, como por ejemplo Mario Vargas Llosa, denunció hace ya mucho tiempo que algo andaba podrido en un mundo del arte en el que el camino más seguro hacia el éxito es simplemente llamar la atención. Es lo que hoy vemos tantas veces en el terreno de la escenografía operística.

      Con todo, yo animo a todo el que le guste la ópera, o simplemente se interese por la cultura de nuestros días y tenga un ratito libre, a que vea la obra y me diga si comparte o no estas opiniones. Es una experiencia que no olvidará fácilmente. Porque yo digo que el rey está desnudo, pero porque es que he visto al rey en pelotas. 

viernes, 3 de enero de 2014

VERDI EN SEVILLA

Acabó el año del bicentenario Verdi. También el de Wagner, pero este fue menos intenso. Qué le vamos a hacer, el índice de popularidad del italiano es mucho mayor que el del teutón, aunque yo disfruto con los dos. Haré un repaso de los  títulos verdianos que he visto en los último meses:  La forza del destino (2), La traviata (3), Il trovatore, Un ballo in maschera, Falstaff, Simón Boccanegra,  Attila, Rigoletto (2), Otello, Don Carlo, Aida (2),…Es una pequeña muestra y  habría estado bien añadir algún Nabucco, un Macbeth –aquél de Munich que me perdí porque estaba de viaje- unas Vespri, o incluso un Requiem, que este año no he escuchado,  pero creo que puede decirse que no está mal la celebración.
          En Sevilla se representaron tres de estas obras: Rigoletto, Il trovatore y Aída. Asistí a la primera y la última de ellas en el Teatro de la Maestranza. No así a la función de Il trovatore que se dio en FIBES allá por el mes de mayo, y en la que según he leído destacaron especialmente la soprano extremeña Carmen Solís, y el director sevillano Pedro Vázquez. Tampoco se puede decir que esté mal: tres de las siete óperas que se representaron en el año en la ciudad, algunas de ellas con hasta seis y ocho funciones, se eligieron de entre el repertorio del compositor de Busseto. De Wagner sin embargo no se representó ninguna, aunque sí se hizo al principio de la temporada pasada (Sigfrido) y se hará al final de esta (El ocaso de los dioses) completándose la tetralogía del Anillo de la que hemos venido disfrutando en los últimos años.
         Pero lo que ha pasado totalmente desapercibido es la vinculación directa de Verdi con Sevilla. Para empezar no se programó “La forza del destino”,  cuyo primer acto lo sitúa el libretista Piave en un sevillano castillo del Marqués de Calatrava, obra que continúa inédita por tanto en el teatro del Paseo de Colón. Pero tampoco se recordó que el propio compositor visitó nuestra ciudad con ocasión del estreno de esta ópera en el Teatro Real de Madrid. Yo lo sé gracias a Ramón María Serrera, que siempre se preocupó de difundirlo –aunque parece ser que el estudio del asunto se debe a Andrés Moreno Menjíbar-  y no quiero dejar pasar la ocasión de hacer lo propio, para que al menos lo sepan los amigos que tienen la mala cabeza de perder su tiempo leyendo este blog.
       Fue en 1863, el año siguiente al del estreno mundial de la obra en San Petersburgo. Después de estar en la capital de España,  Don  Giuseppe hizo un periplo por Andalucía en compañía de su esposa, Giuseppina Strepponi, visitando Sevilla, Córdoba, Jerez y Granada. Según cuenta Serrera, los  Verdi se alojaron en la antigua Fonda de Londres, donde el actual Hotel Inglaterra, en la entonces llamada Plaza Infanta Isabel, hoy Plaza Nueva.  Su estancia fue breve: llegaron el 1 de marzo por la noche y partieron en la mañana del día 3, con dirección a Granada.
No les prestó atención –toda la cursiva es de Serrera- don Juan José García de Vinuesa, entonces alcalde de Sevilla, ya que no hubo ninguna recepción oficial. Más calurosa fue la prensa, que llegó a afirmar que “el que hoy se aloja dentro de los muros de nuestra capital es el genio del día”. La Sociedad Filarmónica Hispalense intentó preparar una velada musical en su homenaje, pero todo quedó en un mero proyecto por indolencia de los músicos.
Sí que visitaron algunos de nuestros monumentos, como la Catedral o el Alcázar, y también  la fábrica de loza de la Cartuja, y  el Museo de Bellas Artes, acompañados por el entonces director de la pinacoteca, el gran pintor Manuel Cabral Bejarano, quedando hechizado el maestro por la obra de Murillo.
Tampoco ahora, en el sesquicentenario de aquella visita, se  le prestó mucha atención por parte de  don Juan Ignacio Zoido, sucesor en el cargo de García de Vinuesa, el que le quitó a la ciudad puertas y murallas y el nombre a la antigua calle de la Mar. Mejor suerte corrió por parte los músicos -Teatro de la Maestranza, Real Orquesta Sinfónica, Orquesta Sinfónica del Aljarafe...- con la interpretación de las tres citadas óperas. Por su parte, la Asociación de Amigos de la Ópera se encargó hace ya unos años de colocar una placa conmemorativa en el lugar del hospedaje. Entretanto, el público no melómano  ni se enteró del asunto. Aquí el  único verdi realmente importante al parecer es, incluso por delante del de la bandera  autonómica,  el que luce en sus camisetas un afamado equipo de fútbol. Una lástima, para una ciudad que pretende ser algo en el panorama operístico internacional.



sábado, 28 de diciembre de 2013

MEJOR EN MI BOLSILLO

El Pleno del Ayuntamiento de Sevilla aprobó inicialmente ayer viernes el presupuesto general de 2014 con el voto favorable del PP y contrario del PSOE e IU. Esto no es ninguna noticia, puesto que era previsible que fuera la que  fuera la propuesta que presentase el gobierno municipal su leal oposición iba a votar en contra. Pero sí es noticia, en estos tiempos que corren, que esos presupuestos contemplan la que ha sido calificada como la mayor rebaja impositiva de la historia de los municipios democráticos, ya anticipada con la reciente aprobación de las ordenanzas fiscales para el próximo año.
Dicha rebaja alcanza los 34 millones de euros, y va acompañada de la consiguiente minoración en las partidas de gasto. Esto es, se bajan los impuestos, pero sin dejarles la roncha a los que vengan detrás incrementando la deuda, sino manteniendo la prestación de los servicios municipales mediante una mejor y más eficaz gestión de los recursos públicos.
Hasta ahora las políticas de ajuste llevadas a cabo han consistido por lo general en apretarnos el cinturón a los ciudadanos. Es por tanto alabable que una administración, la local en este caso, comience a apretárselo ella misma y nos deje a nosotros respirar un poco, que ya llevamos bastante castigo. Y es doblemente alabable porque lo fácil para un político es seguir gastando a diestro y siniestro, con la excusa de la crisis y aunque ello suponga ir en contra de sus promesas electorales. Pero es que para superar esta crisis es necesario que revivan la capacidad de consumo y la iniciativa privada. Y para la salud de la democracia es exigible que los políticos cumplan sus compromisos con quienes los han elegido.
Esta rebaja de impuestos es además  indicativa de que las cuentas municipales vuelven a la senda de la que nunca debieron haber salido. La senda del equilibrio, de la prudencia, de la contención del gasto, del saneamiento de todas las trampas que dejaron corporaciones anteriores. Esto evidentemente no es  fácil, supone sacrificios, pero hay que reconocer el esfuerzo porque sólo así se puede garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas y por lo tanto el futuro de la prestación de los servicios públicos municipales.
Pero los presupuestos aprobados tienen también sus sombras. La más llamativa, la que más resalta, es la reducción de la aportación de la Junta de Andalucía, que se sitúa nada más y nada menos que en 7,8 millones de euros menos respecto al ejercicio anterior. Minoración que además afecta a partidas tan sensibles en estos momentos como son el fomento de empleo y los servicios sociales. En mi opinión ensucian la vida pública con su cinismo quienes critican airadamente el descenso en estas partidas del presupuesto municipal cuando saben sobradamente que se debe a esa falta de financiación por parte de la administración autonómica, en actuaciones, esto hay que subrayarlo, que son de su competencia, y no del Ayuntamiento.

En esa línea de cinismo, a la que por otra parte estamos ya acostumbrados, le he escuchado decir a algún responsable socialista, despreciando la rebaja impositiva, que al fin y al cabo por término medio supone sólo un ahorro de unos cincuenta euros por sevillano. Pues si es así, en mi casa somos cuatro sevillanos, así que hagan la cuenta. Y aunque sea la mitad, o la cuarta parte.  Mejor están  esos euros en mi bolsillo que no para que se despilfarren de cualquier manera, como se ha hecho en esta ciudad hasta hace bien poco tiempo. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

ENTRE MILÁN Y SEVILLA

         
Foto de Javier Navarro Antolín-El ojo que lo ve.
  
        Acudimos a nuestra cita del domingo en el Maestranza aún bajo el impacto del rotundo triunfo la noche anterior de una Diana Damrau  pletórica  en la Traviata de la velada milanesa de San Ambrosio. No era fácil el reto en un escenario en que, casi sesenta años después,  aún merodea el fantasma de la legendaria Violeta de la Callas. Pero la Damrau tuvo una noche redonda en canto y en interpretación, reconocida entusiásticamente por el público. Todo lo contrario que le ocurrió a Bezcala, Gatti y Tcherniakov, que tuvieron que soportar los abucheos del respetable. Si Gatti y Bezcala parecieron sobrellevarlo, la cara del director de escena, buen amigo supongo de Mortier que lo ha traído en más de una ocasión al Real,  era todo un poema. ¿En qué hora se me ocurriría a mi venir aquí? Pensaría la criatura.  Pero lo de Bezcala era sólo apariencia. Menudo rebote se ha cogido el tenor, que ha dicho en su perfil de facebook que no vuelve pisar La Scala, e incluso le ha echado veladamente la culpa de sus problemas al regista ruso, que sólo le faltaba esto. Lo cierto es que el polaco no anduvo fino, y aunque no creo que fuera para tanto, según suele decirse, el público es soberano. Máxime si se paga un mínimo de ciento veinte euros por la entrada, tendrá uno derecho a protestar si no le gusta, digo yo.
            Pero vamos a lo que veníamos.  Si la memoria e internet no me fallan con la de ayer es la tercera vez que veo representar la historia de Manon y el caballero Des Grieux en el coliseo lírico hispalense (toma cursilada) en una década.  Tanto en versión Puccini (la de ayer fue la segunda) como en versión Massenet. Con la de títulos que hay en el repertorio, no se explica tanta reiteración, pero este año ya ocurrió con Aida, y volverá a hacerlo con Cenerentola, con lo que la única novedad será “El  ocaso de los dioses”.
            Por lo demás la temporada transita  por la dulce senda del clasicismo escénico, algo que a algunos irrita, pero que el público sevillano en general agradece. Y como el espectáculo se hace para el público en general y no sólo para los entendidos, pues a mi me parece bien. Si a esto sumamos el que en muchas ocasiones la innovación deriva en disparate, pues para qué nos vamos a quejar. Si aquí lo que gusta es “Siempre así”  no le pidamos peras al olmo. A ver si vamos a espantar a la poquita afición, que ayer ni se llenó el teatro. Por mi parte no echo de menos producciones del  estilo de las vistas este año en La Monnaie para el mismo título (cuya acción se desarrolla en una estación de metro) o incluso la aclamada Bohème perroflauta (Michieletto) del pasado año en Salzburgo, por referirme a dos obras de Puccini.  Para escenografías más arriesgadas que realmente aporten algo a la obra  habría quizá  que traer títulos más vanguardistas. Mientras tanto nos conformaremos  con degustar el ingenio de Padrissa en el colofón de su Anillo.
            En esta Manon de Didier Flamand que se desarrolla entre decorados de estética dieciochesca dentro de la más estricta ortodoxia,  la televisiva Ainoha Arteta es sin duda la estrella de la función. Como presentadora es pésima, a pesar de su agradable físico, pero ha llegado a esta producción en un momento vocal espléndido encarnando a la perfección  el papel de la heroína ideada por el abate Prévost.  En especial resultó conmovedor el cuarto acto, lo mejor de la representación, en el que tuvo buena réplica por parte de Walter Fraccaro en el papel de Des Grieux. La orquesta estuvo brillante, sobre todo en el famoso interludio del tercer acto. Pero me da la impresión de que a Halfter se le fue la mano con los volúmenes, porque lo cierto es que a los cantantes les costaba horrores saltar el foso. De manera que el resto del elenco, a excepción del coro, me pasó más bien desapercibido. Una lástima.   
            En definitiva, entre Milán (a distancia)  y  Sevilla (presencialmente), hemos tenido un puente de lo más musical. Hacer comparaciones no tiene sentido. Está claro que en Italia la ópera se vive de con una pasión  que aquí reservamos para otro tipo de espectáculos.  El compromiso es mucho mayor, si además se trata de una inauguración de temporada con retransmisión para todo el mundo incluida.  Si Bezacala no quiere que le piten, que se venga por aquí que somos más comprensivos. Aunque me temo que con lo que tiene firmado para los próximos meses para Nueva York, Viena, o París no le va a quedar tiempo. Cosas del divismo.