lunes, 5 de junio de 2017

EN LEGÍTIMA DEFENSA

Domingo. Sobremesa. Corre una ligera brisa de poniente que aplaca la temperatura y hace aún más agradable la charla entre amigos bajo las ramas susurrantes del viejo olmo. En la conversación surge el tema del atentado de Londres. El último. El del día anterior mismo. Expreso la idea, que cada vez veo más clara,  de que quizá haya que ir planteándose si es posible que nuestro justamente venerado estado de derecho no sirva para combatir esta barbarie del terrorismo islamista. Quizá haya que acudir a otras formas, con menos melindres,  que nos protejan de manera más eficaz frente a estos asesinos. Son cosas que no está bien visto que se digan públicamente. Como era de esperar mi planteamiento suscita más bien rechazo. La mayoría está aún en la corrección política. La que expresa, por ejemplo, el sr alcalde de Londres, para quien “no hay razón para la alarma” pues los atentados terroristas “son parte de la vida” de las ciudades. Defendámonos pues con velitas, globitos y flores. Lloremos a las víctimas y esperemos las siguientes.
Horas después, ya cae la tarde. En la tranquilidad de la azotea de mi casa, mi refugio favorito en esta época del año, leo algo que viene de alguna manera a apoyar mi idea anterior. No se trata de ningún tarambana descerebrado, ni de ningún extremista. Se trata de un premio Nobel de literatura. El novelista húngaro Imre Kertész, superviviente del  horror nazi en Auschwitz. Dice Kertész (La última posada, Acantilado, 2016) cosas como esta:
“..Europa pronto sucumbirá por su antiguo liberalismo, que se ha revelado suicida y pueril. Europa ha creado a Hitler y después de Hitler se ha quedado sin argumentos: se han abierto las puertas al islam, ya no se atreven a hablar de razas y de religiones, mientras que el islam no conoce otra lengua que la del odio a otras razas y religiones….
Se dice que los musulmanes inundarán y luego se apoderarán de Europa, en pocas palabras, la destruirán; se trata de cómo maneja Europa todo esto, del liberalismo suicida y de la estúpida democracia; chimpancés con derecho a voto. El final es siempre el mismo: la civilización alcanza un grado de excesivo desarrollo en el que no sólo es incapaz de defenderse, sino que ni siquiera lo quiere; en el que, de una manera irracional, adora a sus propios enemigo”.

Pienso que ya va siendo hora de que hagamos algo en serio para evitar que esto ocurra. Incluso aunque ello suponga superar determinadas barreras y límites que nos hemos impuesto y de los que ellos, los bárbaros, se aprovechan. Es lícito hacerlo en legítima defensa.    

martes, 30 de mayo de 2017

ESCENAS DE LA BOHEMIA PARISINA

Place du Tertre. Montmartre. Paris.
Si alguien a quien no le gustase mucho la ópera me preguntase, yo le recomendaría probablemente La bohème. Y si no le gustase La bohème, le recomendaría que fuese al médico, a ver si tiene cura. Ópera cortita de duración, con historia romántica y sencilla, de alegre inicio y triste final, de los que hacen llorar, ambientada en la siempre evocadora ciudad de París, música con encanto y pegadiza -¿quién no ha entonado alguna vez Che gelida manina, Mi chiamano Mimí o el vals de Musetta?...- Son los ingredientes que han hecho de esta obra de Puccini una de las más representadas y populares del repertorio. Tan es así que aquí en el Maestranza ya se ha representado en varias ocasiones antes de que el pasado domingo tuviera lugar una nueva première de este título con el que se  que cierra la presente temporada. Recuerdo especialmente la primera, con aquella producción de Franco Zeffirelli que levantaba los aplausos del público nada más subir el telón del rutilante segundo acto. En esta ocasión el regista es también italiano. El turinés Davide Livermore, uno de los más acreditados en el panorama actual, creó esta producción para Les Arts de Valencia. Livermore no necesita hacer cosas raras para contar estas escenas de la vida bohemia, a cuyo libreto es absolutamente fiel. Para ir ambientando y realzando la expresión de cuanto ocurre en las tablas le bastan los medios técnicos y el color, mucho color salvo en el frío tercer acto, de la mano de los pintores que hicieron de la Ville Lumière el centro mundial de su arte en el siglo XIX. Resultó espectacular, tanto escénica como musicalmente, el segundo acto, largamente aplaudido por el público, en esta ocasión al final del mismo. En el foso, de nuevo Pedro Halffter, que firmó un gran trabajo al frente de su ex orquesta, si bien a mi juicio en ocasiones abusa un tanto del volumen. Especialmente en el cuarteto del tercer acto me resultó difícil escuchar cada una de las voces entre tanta masa orquestal. Claro que ustedes pueden decir que a lo mejor estoy mal del oído. Es posible. Pero si así lo piensan, mejor no sigan leyendo, porque lo mismo se puede decir de lo que viene a continuación. Sigo. El elenco vocal estaba formado por un ramillete de buenos intérpretes hispanos, incluidos los dos excelentes coros, del propio teatro y de la Escolanía de Los Palacios, con el aditamento de la soprano rumana Anita Hartig, exitosa Mimí en diversos escenarios internacionales, que hizo gala de su voz idónea para el personaje, aunque para mi gusto debería poner más emoción en la interpretación. Especial mención me merecen los onubenses Juan Jesús Rodríguez y David Lagares, en sus papeles del pintor Marcello y el músico Shaunard. También es andaluza Musetta, personificada por la granadina María José Moreno, que se lució en su famoso número. Fernando Radó hizo un buen elogio del viejo gabán de Colline, antes de llevarlo a vender. En cuanto a José Bros, de quien recuerdo entre otras interpretaciones una de nuestro Miserere hace ya bastantes años,  nos ofreció su hermosa voz de timbre brillante y limpio, si bien un tanto ligera para el papel de Rodolfo, lo que hizo que sonara como raspada en algunos pasajes.

La vida bohemia es bonita, pero se pasa hambre y privaciones. Es lo que les ocurre a los protagonistas de nuestra historia. Claro que a veces, para dedicarse a la creación y al arte hay que renunciar a todo lo demás. Y eso que en aquella época no había un malvado Montoro que hostigara a los artistas, como al resto de los mortales, con el odioso IVA. Esperemos que su reciente reducción se note en los precios de los abonos de la nueva temporada, y podamos seguir asistiendo a tan satisfactorios espectáculos.     

domingo, 16 de abril de 2017

MENOS VALLAS, MÁS INTELIGENCIA

El palio de María  Santísima de la Concepción poco antes del primer incidente
¡¡Qué profunda tristeza tener que volver a hablar sobre este tema tras una Semana Santa en tantos aspectos espléndida!! Pero lamentablemente hay que hacerlo porque los sucesos de la Madrugada han venido a corroborar que la seguridad que nos habían vendido las autoridades municipales era pura baratija. Mercancía barata para hacerse notar y sacar pecho ante algunos incautos. El problema de la Semana Santa no está en la aglomeración de público en tal o cual calle. Cuando no se concentra en una lo hace en otra. El problema está en la educación y en la actitud de ese público. Por eso no tiene sentido limitar indiscriminadamente acceso a algunos lugares cuando por el resto de la ciudad siguen campando a sus anchas toda clase de gamberros y de elementos extraños a la celebración.
 Viví en directo las carreritas del 2000 y me quedó entonces la desalentadora sensación de la constatación de la enorme fragilidad de nuestra fiesta. Mi impresión, y la de muchos cofrades es que en aquél asunto no se llegó a hasta el final. Se tomaron algunas medidas, que el tiempo se reveló insuficientes. El año pasado llegó un señor que venía a arreglarlo todo, y lo único que ha hecho es fastidiarnos un poquito más.
 El viernes pasé por la Ecarnación algo antes de las tres y había una numerosa pandilla de gamberros formando gresca sin que nadie les molestara. Pero a mí, cuando llegué a Francos la policía no me dejaba entrar en la aforada calle. Me tuve que conformar con Villegas, también parcialmente inutilizada por el dispositivo de “seguridad”, que sin embargo no impedía la presencia de un grupito de niñatos hablando en alto y riéndose a carcajadas, a pesar de que pasaba el Silencio. Nada más terminar de pasar la cofradía se produjo la primera estampida de las que presencié ¿de qué sirvió la policía que allí estaba sólo para cortar accesos? Absolutamente para nada. ¿Tendrían que ver los niñatos de las risitas con el incidente? Un poco después, al otro lado de la carrera oficial, la hermandad del Calvario se encontraba atrapada en calle O´Donell. La recorrí de inicio a fin porque aquello no tenía trazas de moverse en un buen rato. Al llegar a la plaza de la Magdalena, ocupada ya en buena parte por el cortejo de la hermandad de la Esperanza de Triana, se produce de pronto otro revuelo y al rato otro. Allí no había ningún policía. Los nazarenos del Calvario, en una actitud ejemplar, pero yo diría que hasta un punto temeraria, aguantaron sin siquiera saber qué ocurría a sus espaldas. Uno de ellos cayó con su cruz al suelo. Fue suficiente. Si no por mí, sí al menos por las que me acompañaban. De vuelta a casa un nazareno de la Sentencia abandonaba también con su cirio roto, sin duda por algún atropello sufrido en la propia carrera oficial. Después de todo lo visto, y de lo que se comentaba por redes sociales, me pareció vergonzosa la actitud de los medios de comunicación en directo. Una cosa es no alarmar y otra ocultar la realidad. Aquí parece que todos se han puesto de acuerdo para taparle las vergüenzas al señor al que aplauden en los pregones. Sus medidas sin embargo se han mostrado ineficaces para atajar los verdaderos problemas. Habrá que hacer más y de manera diferente. Sobre todo pediría que no nos tomen el pelo más a las hermandades y a los sevillanos. 
La Semana Santa tiene hoy probablemente más enemigos que nunca en su dilatada historia. Hay que ser conscientes de esto y actuar en consecuencia. La seguridad hay que garantizarla frente a esos enemigos. Desde los que están manifiestamente en contra hasta los que simplemente no la respetan con sus actitudes incívicas. Si las autoridades son capaces, que lo hagan. Si no, que no nos vengan con milongas. Hacen falta menos vallas y más inteligencia. 

miércoles, 12 de abril de 2017

CALLES ROBADAS

La calle de Placentines,
estrecha y larga, parece
que la rasgó una saeta
con su punta fina y breve...


Así evocaba la angosta calle Placentines el poeta  Ramón Cué, el sacerdote jesuita mejicano, autor de aquél libro “Cómo llora Sevilla” que inundó de versos cofradieros nuestros años mozos. Es la calle desde la que se obtiene una de las mejores vistas de la Giralda, a veces estropeada por el merchandising kistch de las tiendas para turistas. Debe su nombre a los naturales de la ciudad italiana Piacenza que acompañaron al Rey Santo en la conquista de Sevilla. Hoy la calle de Placentines, tanto en su parte ancha (lateral del Palacio Arzobispal) como en la estrecha que recordaba el poeta,  es una calle prácticamente muerta para el disfrute de las cofradías. Paulatinamente fueron primero dejando de pasar cofradías por la parte más angosta, como la mía de la Sagrada Mortaja, como se dejó de pasar por otras calles estrechas como Cerrajería para sustituirla por la Cuesta del Rosario. Ahora han venido a darle el golpe de gracia los cabildos, tanto civil como eclesiástico, de la ciudad. Los canónigos se han reservado para ellos toda la grada y la acera del lateral del patio de los Naranjos, para poner allí cuatro famélicas filas de sillas a disposición de sus beneficiados, en el sentido amplio de la palabra. Han excluido a cientos de personas que ya no pueden disfrutar de ese espacio, que por otra parte estaba prácticamente vacío las veces que he estado por allí. Por su parte el Ayuntamiento ha cerrado la parte más estrecha de la calle, convertida en vomitorio para cangrejeros, y aforado el resto, con lo que el acceso queda al arbitrio del poli de turno que a ojo de buen cubero diga que aquello ya está lleno. Mi amiga Rosana Reyes vivía en una casa en el tercer tramo de la calle, que desemboca ya en Francos. Allí acudía con frecuencia en las Semanas Santas de mi época de estudiante, y aún después, a contemplar el paso de las hermandades. Ahora seguramente ya no podría hacerlo porque me lo impedirían los aforadores.  Nos podemos olvidar de Placentines para ver cofradías. Como nos podemos olvidar de Francos, Alcázares-Sor Ángela o -me han dicho, porque yo no he querido ir a verlo- del Arco del Postigo Aquí ha llegado un señor que ha dicho “la calle es mía” (¿les suena?) y lo más grave es que incluso le aplauden en los teatros en actos supuestamente “cofrades”. "Hay otras calles", ha dicho este señor. "Depende de para qué", le respondo yo. Habrá que lamentar, como Romero Murube con los cielos, las calles que perdimos. O más bien, las que nos robaron. 

domingo, 2 de abril de 2017

QUE LA DISFRUTEN

Confieso que estoy viviendo estos días previos a la Semana Santa con más escepticismo que ilusión. A las incertidumbres habituales acerca de la climatología, se une este año la preocupación por saber dónde nos van a dejar Cabrera y Pérez ver las cofradías y dónde no. Dicen los que saben que la Semana Santa necesitaba adaptarse a los tiempos. Me temo que para una adaptación completa a los que corren más bien debería desaparacer. La Semana Santa es una celebración viva, pero sus raíces y sus fundamentos son de otro tiempo. Así que cuidado con las adaptaciones. En materia de cofradías la modernidad por regla general nunca fue un activo. La novelería fue siempre uno de los males que las acechan. Ahora, en aras de esa adaptación, hemos entregado nuestra fiesta a los burócratas de la seguridad, que estaban deseando tener la ocasión de demostrarnos, una vez más, que sin ellos no podríamos vivir. Son, han llegado a tener la desfachatez de decir, los “salvadores” de la Semana Santa.

Yo, que soy un rancio, más que como salvadores los veo como una amenaza. No por la seguridad en sí mismo, que indudablemente es necesaria. Sino por la forma simplista de buscarla, alejando la presencia de público de los cortejos procesionales. Cierto es que con dichas medidas se han mostrado encantadas las cofradías que salen a hacer su desfile procesional, concepto antes denostado y que ahora habrá que recuperar, y a las que al parecer les molesta la gente que va a verlas. Me gustaría que se hiciese público un listado para ahorrármelas sin necesidad de aforamientos. También están satisfechos los establecimientos hoteleros: todo el que esté en la calle y no le dejen ver una cofradía es, de rebote, potencial consumidor en esos establecimientos. Encantada está por supuesto la televisión local, cuyo modelo de negocio, basado fundamentalmente en las retransmisiones de esta semana, se ve fuertemente reforzado con el aumento de audiencia. En cuanto a los opinadores profesionales me sorprende la actitud acrítica con que por lo general han abrazado la reforma. Pero al menos, los arrogantes perpetradores del invento deberían admitir que aquí hay unos damnificados: los sevillanos a quienes simplemente nos gusta ver las cofradías en la calle y llevamos toda la vida haciéndolo. Se ha llegado a decir que la seguridad contribuye al recogimiento. Si es por recogimiento lo que habrá que cerrar son los bares, sr Cabrera. No quiera ser usted más papista que el Papa.

Tras la entrada como un elefante en una cacharrería del pasado año, el presente parece que se han reconocido algunos errores y que se corregirán algunos excesos. Las salidas extraordinarias del Señor del Gran Poder de hace unos meses demostraron bien a las claras que las cofradías pueden andar perfectamente -cuando quieren- sin necesidad de vallas, aun cuando haya una afluencia numerosísima de personas para verlas. Pero a pesar de ello, de momento ya se anuncian numerosos sectores que quedarán vedados o restringidos a la presencia de público. Más aún que eso me preocupa que se multipliquen los obstáculos a los desplazamientos, mediante la proliferación de ratoneras valladas y aforadas, cuando lo que habría que hacer, precisamente por seguridad, es facilitar la movilidad.

No descarto que sea cosa de la edad, pero a mi esta aggiornada Semana Santa, con su creciente intervencionismo municipal, sus maleducadas masas, sus horrísonas marchas, su ridículo andar de algunos pasos y otras lindezas, cada vez me gusta menos. Que la disfrutéis los que podáis.


martes, 21 de marzo de 2017

EL ESCÁNDALO DE LA VERDAD

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. Esta es la idea matriz que defiende el filósofo francés Jean-Francois Revel en su libro “El conocimiento inútil”. Para comprobar cuánto de cierto encierra esta frase no hay más que ver cuanto está ocurriendo en estos días con el autobús de la organización Hazte Oir. En la era de la posverdad lo que escandaliza es precisamente que se diga la verdad a secas, sin prefijos. Porque no otra cosa dice el mensaje del famoso autobús: una verdad incontestable, cuando menos desde el punto de vista biológico. Pero esta sociedad desquiciada e inmadura no soporta la verdad, y prefiere hacerse trampas al solitario inventándose mil y una teorías para esquivarla y amoldarla a sus caprichos. Es así cómo sorprendentemente decir una verdad, por decisión arbitraria del pensamiento único imperante, se convierte en “odiar”. Cuando hace unos años un grupo proselitista ateo puso a circular por varios países de Europa un autobús con el lema “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”, a nadie se le ocurrió tacharlo de “creyentófobo”. Sin embargo cualquier cosa que se diga en contra de los postulados del movimiento LGTB,  se convierte, interesadamente, en un supuesto acto de odio hacia las personas por su condición sexual.
Lo diré claramente y sin ambages: a mí las personas homosexuales, bisexuales, transexuales, etc me merecen todo respeto, pero el movimiento LGTB no me merece ninguno. Simplemente porque sus militantes no respetan nada ni  a nadie que les contradiga en su voluntad de imponer su credo a toda costa.
Cualquiera que esté medianamente informado sabe que el autobús de Hazte Oir no va en contra de las personas transexuales, y mucho menos de los niños. Lo que va en contra es de la ideología de género, y sobre todo, de que esta se imparta en las escuelas como dogma oficial. La ideología de género es, en mi opinión, un disparate sin ninguna base científica. Allá cada cual que lo quiera comprar, pero que no nos la impongan a los que no comulgamos con ella, y mucho menos a nuestros hijos. Hay que recordar que la iniciativa del bus no es autónoma, sino que surge como respuesta a otra campaña anterior en la que falsariamente se defendía que hay niños con vulva y niñas con pene.  Pero todo esto a la jauría no le interesa. Nuevamente la verdad queda relegada. Es la mentira la que se impone con la finalidad totalitaria de aplastar a los discrepantes. Incluso habiendo voces de transexuales muy de acuerdo con el mensaje de Hazte Oir, nadie las escucha, porque no interesa la verdad.
El penúltimo episodio –porque habrá más-  lo hemos vivido hoy. En Pamplona, una tipa se agarra a la puerta del autobús en marcha y se deja arrastrar por él hasta caer al suelo (eso lo he visto yo en el video). Las redes y, lo que es más tremendo, la prensa hablan sin embargo generalizadamente de una joven “atropellada por el autobús”. Ciertamente la fuerza del lobby gay es asombrosa. Si Revel levantara la cabeza seguro que dedicaba un capítulo a este episodio en una edición revisada de su libro. 

lunes, 13 de febrero de 2017

UN CUENTO MASÓNICO

Juan Carlos Muñoz. Diario de Sevilla.
Por fin un título que agota las localidades para sus cuatro representaciones desde días antes del estreno. Pero Wolfgang ¿qué les das? No pensaba yo que “La flauta mágica” tuviese tanto tirón ¿O es que se ha acabado, por fin, la crisis? Motivos ambos para alegrarnos, en cualquier caso.
A pesar de todo, alguna deserción hubo entre el público. Hacía falta tener ganas de ópera para moverse de casa en una tarde de perros como la de ayer. Máxime si, como en mi caso, andaba uno, al calor del hogar, enfrascado en la lectura de un novelón como “Patria”. Pero cuando se saca el abono es difícil predecir la meteorología, así que chaquetita y corbatita, en honor de los “trabajadores de la cultura”,  y caminito del Maestranza, donde nos esperaba el reino de la luz y de la verdad, desafiando, cual Tamino,  a los elementos y a lo mal que están hechas las calles en Sevilla. ¿Dónde estaban los funcionarios municipales el día que recepcionaron el acerado del Paseo de Colón?¿De parranda? ¡Qué chapuza!¡Con lo estrictos que son para otras cosas!¡No se pueden juntar más charcos en menos espacio! Por cierto, que recomendaría a la dirección del teatro que pusieran unas maquinitas de esas que hay en las tiendas –o en el Museo de Bellas Artes-  para enfundar los paraguas, y así no poner el vestíbulo hecho un asco cuando llueve.
Un elenco muy nacional (sólo dos voces foráneas) y muy joven el que se anunciaba. Tanto que no tenía referencia de la mayoría de sus integrantes. Apuesta arriesgada a la vez que inteligente, pues el conjunto fue muy notable. Los que más me gustaron fueron sin duda Papageno (Peter Kellner) y Pamina (Erika Escribá). También Monostatos (Mikeldi Atxalandabanso). Más limitados vi a Tamino (Roger Padullés), Sarastro (Javier Borda) y la Reina de la Noche (Sara Blanch), aunque defendieron bien sus papeles. Los demás solistas y coro también cumplieron sobradamente. Y sobre todo me encantaron los niños de la Escolanía de los Palacios ¡qué nivel!¡qué soltura!¡qué manera de cantar! La orquesta, con Halffter de nuevo al frente,  estuvo menos brillante, más irregular que otras veces, pero en todo caso foso y voces consiguieron momentos de gran belleza. La producción traída del Teatro Regio de Turín me pareció un poco ñoña, pero funcionó. Sin alardes, pero también sin excentricidades.
“La flauta mágica” es una sucesión de hermosas melodías, un derroche de creatividad mozartiana al servicio de una historia, que es como un cuento,  que, según dicen, encierra un ritual de iniciación masónica. La historia de un camino iniciático que conduce a la sabiduría y a la felicidad. Todo muy bonito. Pero al mismo tiempo hay que darse cuenta de lo machistas que eran estos masones, si es que Schikaneder, masón él como Mozart, se refería  realmente a ellos en este singspiel. Aparte de continuas exaltaciones de la virilidad, se pueden encontrar en el libreto algunas perlas como estas:
-“¿Así que te ha ofuscado una mujer? Una mujer hace poco y charla mucho” le reprocha el Orador a Tamino. O “un hombre debe guiar vuestros pasos pues sin él suelen las mujeres sobrepasar la esfera que les corresponde”, que le espeta Sarastro a Pamina. O esta otra: “Pura palabrería, repetida por mujeres..” según explica Tamino a Papageno  para desacreditar las acusaciones contra Sarastro.

Esto dicho en alemán pasa desapercibido para los que no entendemos la lengua de Goethe, y nos quedamos con lo bonito de la música. Pero en las traducciones se puede leer. A lo mejor por eso le tenía tanta inquina la Reina de la Noche al machista Sarastro. A veces las ideas más aparentemente luminosas esconden grandes sombras. A ver si va a resultar ahora que la reaccionaria reina es la buena y el sabio misógino el malo. A ver si va a resultar ahora que Donald Trump, aunque sabio no parece,  es masón.