lunes, 2 de noviembre de 2020

LÍRICA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

 


Dudé bastante acerca de renovar para esta temporada mi abono de ópera del Teatro de la Maestranza, después de la cancelación de La traviata en la pasada, que quedó inacabada, como la sinfonía de Shubert, y los problemas que se preveían para la presente. Pero finalmente pensé que es ahora, en los momentos difíciles, cuando hay que mostrar el compromiso con las cosas que amamos, y no hay forma mejor de hacerlo en estos casos que pasando por taquilla.

Como se preveía, el teatro ha tenido que hacer un esfuerzo tremendo para sacar adelante estas representaciones de Cosí fan tutte, con cada vez mayores restricciones de aforo hasta última hora, lo cual es digno de reconocimiento y apoyo. Pero no sé yo si en lo sucesivo se van a poder mantener funciones para sólo doscientos asistentes.

Ese era el número máximo -200- de espectadores que pudimos asistir ayer a la premier adelantada de esta nueva coproducción del teatro sevillano con el Calderón de Valladolid. Control de temperatura en la entrada, reubicación de localidades, geles y mascarillas por todas partes –todos los figurantes y bailarines en el escenario incluidos- y un ambiente extraño, muy diferente al de las grandes ocasiones con el aforo lleno. Sólo la presencia de la Consejera de Cultura, indicaba que estábamos en una noche de estreno y no en un ensayo con público limitado. Un aspecto positivo no obstante a destacar: es la primera vez que asisto a una función de cualquier tipo en el Maestranza sin que se escuche una sola tos. Estaba claro que nadie se atrevería ante la posibilidad de despertar el recelo del resto de asistentes.

La representación, adelantada una hora para permitir el regreso de los asistentes a sus domicilios antes del toque de queda, comenzó no obstante con un poco de retraso y con problemas en la proyección de los subtítulos, con lo cual algunos poco informados quizá no se enterarían bien de dónde estaba el origen de toda la trama.

Cosí fan tutte es la tercera ópera de la trilogía mozartiana que tiene como libretista a Lorenzo Da Ponte. Tres obras –Las bodas, Don Giovanni y esta última- en las que el amor en sus diversas formas es tema principal. Curioso que un sacerdote supiera tantas cosas del amor. Pero es que Da Ponte, amén de prolífico escritor de libretos, fue un sacerdote poco pío y muy libertino, lo cual explica el asunto. Igual se puede decir también que era machista y misógino –cosa de la que no se han enterado los ignorantes ministros del gobierno de progrez, que de otra forma lo habrían prohibido ya- porque la tesis de su historia no resiste un análisis con perspectiva de género. Todas las mujeres son volubles y caprichosas en el amor -La donna è mobile, cantaba también el Duque de Mantua verdiano- y para comprobarlo no hay más que ponerlas a prueba. El “vejestorio” cincuentón D. Alfonso es el que planea el experimento, la corrosiva y resabiada Despina colabora en él, y las jóvenes parejas Fiordiligi-Guillelmo, Dorabella-Ferrando son los conejillos de indias. La idea candorosa y elevada del amor que tienen inicialmente los jóvenes se desmorona, entre el humor y la amargura, conforme avanza la historia y se comprueba de qué inconsistente material estamos hechos. Curioso sin embargo que a pesar de que Despina admite que la infidelidad es consustancial en los hombres, el asunto no gira sobre esto, sino sobre la debilidad e inconsistencia femeninas.

Me gustó la puesta en escena del joven sevillano Rafael Rodríguez Villalobos. Una estética contemporánea, pero sin extravagancias, para una música intemporal. Un decorado casi inexistente, en colores neutros, al que dan vida las luces y las sombras, en contraste con las notas de color que aportan los personajes y sus atribulados corazones.   Los jóvenes amantes son niños que creen en un amor puro y eterno. Niños que juegan a la guerra con sus soldaditos, que se aferran a su osito de peluche….hasta que la constatación de cómo son las cosas del querer en la realidad les hace madurar rápidamente en cuestión de horas. La concha, las candilejas y el recurrente telón nos recuerdan sin embargo que lo que vemos es puro teatro, así que siempre podremos quedarnos con la duda de si las cosas son siempre así en la vida real. Que esto es arte, no ciencia.

La dirección musical está también a cargo de un joven director, el mexicano Iván López-Reynoso. Sin perjuicio de algunos momentáneos desajustes, supo imprimir la variedad de tiempos y texturas que la partitura requiere, ajustada siempre de forma magistral a la amplia paleta de sentimientos que se van desgranando en la escena.

En el elenco vocal también destaca la juventud, a excepción del veterano Roberto de Candia, acorde con su papel. Natalia Labourdette se desenvolvió espléndidamente en su rol de criada alcahueta, incluidos sus pasajes como fingidos médico o notario. Xabier Anduaga (Ferrando) ofreció una notable Un’aura amorosa, aunque creo que puede sacar más partido a su bello timbre lírico-ligero. El polaco Mechlinski lució su buen registro baritonal en el papel de Guillelmo, mientras que Maite Beaumont, un poco escasa de volumen en algunos pasajes, defendió bien su Dorabella. Quizá fue Vanessa Goikotexea la que más destacó en un conjunto bastante homogéneo, y así lo reconoció el público que, dentro de su escasez, aplaudió calurosamente a los artistas al final de esta tan peculiar función.  

domingo, 1 de noviembre de 2020

ALTA TRAICIÓN

 

Esta semana hemos asistido a una de las tropelías más grandes perpetradas contra el sufrido pueblo español a lo largo de toda su historia. Nuestros supuestos “representantes” acordaron privarnos de parte de nuestros derechos constitucionales de una forma groseramente contraria a la letra y al espíritu de la Constitución, instaurando una situación de excepcionalidad que sobrepasa todo límite admisible en un estado democrático y derecho. El golpe asestado a nuestro régimen constitucional por quienes deberían velar por él es verdaderamente tremendo.   

La deriva dictatorial de nuestra nación parece hoy día imparable. Más que nunca nuestra democracia está amenazada.  Porque la traición ha sido consumada con el consentimiento de la casi  totalidad del arco parlamentario, incluido el Partido Popular, que una vez más para vergüenza de sus votantes y simpatizantes, adoptó una postura de derechita cobarde, entregada con armas y bagajes al consenso progre desde la semana anterior. Todos esos rufianes y mequetrefes, a quienes sólo parece importar cobrar sus sueldos y sus dietas a fin de mes, han decidido desertar del hemiciclo,  renunciar a su función de control y fiscalización del ejecutivo en nuestro nombre y han dado carta blanca a un dictadorzuelo que después de haber ganado el campeonato mundial de mala gestión de la pandemia (primera parte) va a seguir jugando a su antojo con nuestras vidas y haciendas -ahora con la colaboración de los aprendices de brujo autonómicos- nada menos que durante seis meses más, como poco.  

Sólo nos queda la esperanza de los tribunales –todavía independientes mientras el gobierno liberticida no consiga controlarlos como pretende- y de las instituciones europeas, que constituyen nuestra última tabla de posible salvación. Mientras tanto, la sociedad española asiste entre adocenada e indefensa a este expolio de su soberanía, a esta auténtica humillación perpetrada por quienes deberían defenderla, esperando que le digan cuándo tiene que tocar las palmitas para festejar la anulación de sus libertades.

sábado, 25 de abril de 2020

ABUSOS POLICIALES


Leo en un despreciable panfleto propagandístico y manipulador de la izquierda (eldiario.es) la siguiente noticia: Decenas de curas (y algún obispo) se saltan el confinamiento y celebran misas 'clandestinas' con presencia de fieles. El periodista que firma se llama Jesús Bastante, y su segundo apellido le pega que sea “sinvergüenza”.

Yo no sé si son cientos o no los sacerdotes que en estos días han celebrado cultos con asistencia de algunos fieles, pero conviene aclarar de una vez por todas  que en cualquier caso no estaban cometiendo ninguna ilegalidad.

El art 11 del RD 463/2020 por el que se declaró el estado de alarma el pasado 14 de marzo permite  expresamente  La asistencia a los lugares de culto y a las ceremonias civiles y religiosas, incluidas las fúnebres, condicionadas a que se eviten aglomeraciones y se tomen medidas para asegurar distancias mínimas entre los asistentes. Esta disposición no se ha visto alterada en los posteriores reales decretos de prórroga del estado de alarma, ni en los numerosos decretos leyes que se han ido promulgando en esta situación.

Algún enterado ha argumentado que la infracción deriva de que el desplazamiento para ir al culto no está contemplado como excepción en el art 7, que limita la circulación por vías de uso público. Evidentemente las normas jurídicas no siempre son comprensibles por personas carentes de preparación, pero cualquiera que sepa mínimamente de esto podrá entender, primero, que el listado de excepciones del art 7 no es un “numerus clausus”, porque precisamente en su último aparatado contempla los desplazamientos ocasionados por “cualquier otra actividad de análoga naturaleza”, y segundo, si existe una norma especial relativa al culto que permite la asistencia está claro que ello implica también la posibilidad de desplazamiento por la vía pública a tal fin, teniendo en cuenta además que estamos hablando de limitaciones de derechos fundamentales que han de ser interpretadas con un criterio restrictivo de la limitación y favorable al ejercicio del derecho y no expansivo de la prohibición de salir de casa. Y todo esto sin entrar en la dudosa legalidad de las medidas adoptadas al amparo de un estado de alarma, que más bien es de excepción.

A pesar de ello, en algunas diócesis, entre ellas la de Sevilla, por prudencia y no sé si con buen criterio, se ha ordenado el cierre de iglesias y la suspensión de celebraciones con fieles. Por lo tanto la actual limitación en cuanto al culto es más una autolimitación que una limitación impuesta por la ley, absolutamente inexistente.

Así las cosas, sin embargo todos hemos podido ver en estos días en los medios y redes sociales intervenciones policiales (en Sevilla, en Granada, en Madrid…) que han interrumpido algunas de las escasas misas con asistencia de fieles que se han celebrado. Constituyen sin duda abusos de poder carentes de cualquier cobertura legal sobre los que espero se diluciden responsabilidades en los tribunales habida cuenta de su posible encaje en algunos tipos penales. Otra cosa será que se opte por poner la otra mejilla, pero no porque falten argumentos jurídicos.

En cuanto a los panfletos de la izquierda como el tal “eldiario.es”, es una lástima que no se editen en papel impreso, porque podían servir muy bien como sustitutos del papel higiénico, que tanto escaseó en los primeros días de la alarma.

martes, 14 de abril de 2020

¿PACTOS DE LA MONCLOA?


Viendo que la cosa se pone fea, el presidente del peor Gobierno de la historia de nuestra democracia, supongo que asesorado por su arúspice Iván Redondo, ha sacado de la chistera el conejo de los Pactos de la Moncloa, como un amuleto mágico con el que pretende exorcizar los males que le acechan.

Para empezar habría que aclarar a las generaciones más jóvenes, y refrescar a las menos jóvenes, qué es esto de los Pactos de la Moncloa, porque probablemente muchos no lo sepan o recuerden. A ver –como se dice ahora- resumidamente los pactos de la Moncloa fueron dos: uno de contenido económico y otro de contenido político. Fueron ambos alcanzados en el mes de octubre de 1977, esto es, en periodo ya democrático, pero preconstitucional. El pacto político lo suscribieron la totalidad de las fuerzas parlamentarias de entonces, a excepción de Alianza Popular, debido esto último a su oposición a la despenalización del adulterio y de otras conductas de índole sexual. El pacto económico, a diferencia del anterior, sí que recibió el apoyo unánime de todos los grupos políticos y de las fuerzas sindicales y empresariales mayoritarias (el de la UGT, con algo de retraso). El pacto político allanó el camino que permitiría el posterior gran pacto que fue nuestra vigente Constitución. El pacto económico sirvió para encauzar la economía del país, en un momento delicadísimo, azotada por la hiperinflación, el incremento galopante del paro, y los demás problemas derivados de las crisis del petróleo producidas por el alza de los precios del crudo en aquellos años. En definitiva se trató, visto globalmente, de un gran pacto nacional del cual prácticamente hemos venido disfrutando sus frutos en forma de estabilidad y prosperidad, cuando menos hasta entrada la presente centuria.

Los elementos sobre los que se asentaron dichos pactos fueron fundamentalmente dos, a saber:

En primer lugar la voluntad común -en un momento en que todo estaba por hacer y por lo tanto la inestabilidad y la incertidumbre eran enormes, con un gobierno además en minoría parlamentaria- de reconciliación nacional, de superación del pasado asumiendo cada parte sus errores, y de establecer un marco de libertades, garantías y prosperidad para todos los españoles. Para que nos hagamos una idea del clima de afán de concordia, baste señalar que coincidiendo más o menos con su firma se produjo un hecho insólito: Manuel Fraga, exministro de Franco y líder del partido de la derecha conservadora, presentaba en una conferencia en un conocido foro político y cultural de entonces al Secretario General  del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, recién regresado del exilio, y con un oscura historia a sus espaldas en cuanto a su actuación durante la guerra en el bando republicano.

El segundo elemento, y sin desdeñar el papel de los demás dirigentes políticos de entonces, fue sin duda el liderazgo de un hombre de estado como Adolfo Suárez, que supo pilotar con audacia, determinación y amplitud de miras este proyecto de convivencia, sorteando las muchísimas dificultades que se cernían por todas partes, incluido el feroz ataque del terrorismo, hoy afortunadamente atenuado.

Como puede verse por tanto, aquél momento y el actual tienen en común el frágil apoyo parlamentario de los respectivos gobiernos y la suma gravedad de la coyuntura política y económica, pero difieren en los demás aspectos fundamentales.

El actual Gobierno quiere, en la línea ya iniciada por los de Zapatero, acabar precisamente con el espíritu de la Transición, decantándose por reivindicar a uno de los dos bandos enfrentados en la guerra. Es decir, decantándose por dividir de nuevo a los españoles en buenos y malos, como en tiempos de la nefasta II República y la subsiguiente dictadura. Es difícil ahora desandar lo andado en ese sentido para volver a ese espíritu de unidad en cuanto a los grandes principios.

En línea con lo anterior, la capacidad de liderazgo nacional del actual presidente del ejecutivo –que otorga mejor trato al separatista Torra que al jefe de la oposición-  es nula. Compararlo con la figura de Suárez sólo puede producir melancolía. Sánchez, aparte de otras consideraciones acerca de su capacidad intelectual, es un sectario extremista que escupe a la cara de los que no somos de su cuerda cada vez que habla. Por lo demás, su proverbial adicción a la mentira hace inverosímil cualquier expresión de voluntad de cambio en este aspecto.

La necesaria unidad del país no puede hacerse en torno a un extremo, y con un líder tan poco fiable –los hechos están ahí para demostrarlo- como Sánchez. Por lo tanto, lo primero que tenía que hacer es desprenderse de su socio de gobierno y acercarse a las posturas moderadas. Todo lo demás es pura maniobra de distracción. Como no creo que lo vaya a hacer, la única alternativa para alcanzar un pacto nacional sería que él se fuese.

Así que invocar los Pactos de la Moncloa con tales ingredientes parece, a día de hoy, tan pretencioso como inútil, porque se requerirían unas premisas muy diferentes para alcanzarlos. Es evidente que la gravedad de la situación hace más que deseable ese pacto entre las grandes fuerzas políticas, pero eso es diametralmente opuesto a lo que Sánchez ha venido practicando hasta el presente, y nada indica que vaya a cambiar. Al contrario, lo único que cabe esperar es que intente una vez más engañar a todo el mundo para salvar su pellejo. Esa es la única finalidad que se le puede adivinar: hacer copartícipes  de su fracaso a las fuerzas de la oposición para así eludir sus responsabilidades. En definitiva, su oferta de acuerdo más que una mano tendida es un abrazo de oso.


domingo, 12 de abril de 2020

LA HORA DE LAS CACEROLAS


Este país, como a la izquierda le gusta decir, fue en tiempos de los romanos llamado Hispania. Entre las hipóteis que se barajan sobre la etimología de esta palabra es bien conocida la de que el topónimo significa “tierra de conejos”. Pues bien, los habitantes actuales de esta tierra de conejos llevamos ya casi un mes confinados en nuestras madrigueras y no se ve el momento en que vayamos a poder volver a salir a disfrutar de nuestra libertad.

En todo este tiempo el Gobierno de la nación lo que ha hecho es comprar a las televisiones privadas con 15 millones de euros para que transmita la propaganda que ya difunde sobradamente la televisión pública, librarse del control parlamentario de la oposición, impedir el trabajo de la prensa libre mediante ruedas de prensa amañadas, o coartar la libertad de expresión de los ciudadanos expresada a través de las redes sociales. De los test, las mascarillas o los respiradores, que era a lo que debería haberse dedicado para que esta clausura fuese lo más breve posible, todavía no está claro qué haya pasado para que sigamos a día de hoy esperando.

Entretanto los “conejillos”, que somos los que estamos cargando con todo el coste de vencer a la  epidemia con nuestra ejemplar y cívica disciplina mientras el gobierno experimenta a ver si es capaz de hacer algo eficaz por su parte, nos expresamos cada tarde aplaudiendo a los verdaderos  héroes en esta guerra, que son los profesionales de la sanidad. Gesto loable y merecido sin duda. Pero viendo la actitud prepotente y desafiante del presidente del Gobierno en el Congreso el otro día no me extrañaría nada que algún día semejante cínico engreído salga diciendo que los aplausos eran para él, igual que ha dicho que la gestión de la crisis de su gabinete está siendo la mejor del mundo.

Por esto pienso que ya va siendo hora de que cambiemos las bienintencionadas palmitas de las ocho por las cacerolas. Al menos rienda suelta a nuestro cabreo, y que se enteren de verdad nuestros gobernantes de lo que pensamos de ellos. De otra manera corremos el riesgo de que alguien por ahí empiece a cuestionándose si aquello de Hispania no significaba más bien “país de borregos”.

viernes, 10 de abril de 2020

LA PIEDRA ANGULAR



Tarde de Viernes Santo. Tarde oscura de dolor y muerte. La tarde más aciaga de la historia de la humanidad. Y en medio de tanta desolación, ahí está María sosteniendo en sus brazos el cuerpo exangüe de nuestro Salvador. Es la piedra que desecharon los arquitectos, pero no así su madre, mujer sencilla y bendita de Nazaret, Madre nuestra de la Piedad.


Los arquitectos de este mundo de hoy, los que construyen una sociedad materialista que no sabe a dónde va porque no encuentra sentido, ahogada en el hedonismo y el consumismo, siguen desechando aquella piedra. Creen tenerlo todo controlado. Creen poder asegurarnos el paraíso en la Tierra, y sin embargo no pueden defendernos de un simple virus. La soberbia del hombre es superlativa. Cree poderlo todo con su ciencia, pero a la vista está que la ciencia no lo resuelve todo y en todo momento. ¿Quién hará justicia a las decenas de miles de fallecidos en condiciones inhumanas? ¿Podemos esperar en la justicia de los hombres? ¿Dónde serán recompensadas las víctimas inocentes de nuestro mundo, a quienes la ciencia no alcanzó a salvar? Sólo con una perspectiva trascendente podemos confiar en una verdadera Justicia.

Es necesario un momento de reflexión, un acto de humildad. Desearía estar esta tarde, como tantos Viernes Santos, con María, junto a la cruz,  con la gente sencilla que la acompañó en aquellos tristes momentos, y que no desesperaron a pesar de la injusticia que tenían delante. Quisiera adentrarme en secreto entre los blancos muros del exconvento de la Paz. Atravesar sin que nadie me vea el compás, pasar a hurtadillas ante el alto ciprés que tanto sabe de nuestra vida de  hermandad, y alcanzar la recogida soledad de la iglesia. Y allí arrodillarme ante el misterio, despojado de apriorismos y certezas mundanas, a contemplar el cuerpo maltrecho de nuestro Padre Descendido de la Cruz y la consoladora Piedad de su Madre. Hacerme humilde y sencillo, como fueron los discípulos, gentes del pueblo llano, e intentar escuchar y sacar las enseñanzas que en este momento difícil puede insuflarnos el Espíritu.

Este año, la tarde del Viernes Santo será especialmente triste porque me faltará, nos faltará a todos los hermanos de la Sagrada Mortaja, la cercanía física de nuestros Titulares, aunque los tengamos en el corazón. Pero igual llegará, no lo dudéis, la mañana del Domingo de todos los domingos. Igual llegará el anuncio de la Resurrección, de la victoria de la Vida sobre la muerte, como llegará el día en que hayamos superado esta epidemia. Llegará el día en que Dios hará su justicia. Las mujeres que ahora se arrodillan ante su cuerpo sin vida  -Magdalena, Salomé, Cleofás- correrán a proclamar, porque se lo dijo el ángel, que ya no está entre los muertos el que Vive. Y el Jesús del madero volverá a estar en la mar de Galilea junto a los suyos. Y será entonces la Piedra Angular. Incluso aunque nosotros, ¡ay!, sigamos probablemente sin enterarnos. 

jueves, 9 de abril de 2020

¿DÓNDE ESTÁS GRAN PODER?



¿Dónde estás Gran Poder? ¿Dónde estás que no pude verte esta noche por las calles de Sevilla? Madrugada más oscura no conocieron los siglos. ¿Dónde estás que no puedo rezarte en tu templo? ¿Nos has abandonado? ¿Has abandonado a tu pueblo en esta hora de tribulación? ¿No vas a guiarnos con tu zancada firme y poderosa? ¿No nos vas a consolar con tu tierna y mansa  mirada?¿No nos vas a librar de este mal que nos aqueja?

Dolor. Sufrimiento. Mal. Muerte. ¿Por qué? ¿Por qué lo permites, Señor? ¡Cuántos no se habrán apartado de ti al no encontrar respuesta a estas preguntas! En nuestra desesperación y debilidad no alcanzamos a ver otra cosa que tu poder, y al mismo tiempo tu silencio. Y sin embargo no nos damos muchas veces cuenta de que tú mismo eres el Varón de Dolores que anunció Isaías. De que tú mismo fuiste Víctima Inocente inmolada por nuestros pecados. De que tú, Supremo Bien, recibiste como pago a tu bondad el desprecio de los hombres. No lo podemos entender. La razón de ser del mal es un misterio. Pero al abrazar tú nuestra condición humana lo hiciste plenamente, sin zafarte de nuestros sufrimientos, cuando podías seguramente haberlo hecho. Por eso vas agarrando ese pesado madero con tus manos bondadosas. Por eso tu noble cabeza va coronada de espinas. Por eso en tu divino rostro se refleja toda la hondura de tu dolor. Por eso la majestad que revelan tus potencias, es una majestad humillada por el odio de tus verdugos. Por eso estás en un eterno equilibrio entre tu poder y el peso de la cruz.

Sabes mejor que nadie lo que es el sufrimiento y el dolor. Porque te lo cuentan tantos sevillanos que acuden a ti en busca de aliento, pero también porque tú los padeciste. Te dijeron “bájate de la cruz” y tú no lo hiciste. Sí, tú que todo lo puedes, tú que a otros habías salvado, no te salvaste a ti mismo. Asumiste tu condición de Cordero hasta el final. Incluso llegaste a pensar que el Padre te había abandonado, como hacemos nosotros cuando parece que no nos escuchas. Pero no, el Padre estaba allí, sosteniéndote, unido a ti en tu sacrificio, para finalmente rescatarte de la muerte.

Señor del Gran Poder, quizá no podamos pedirte que nos liberes de este dolor que hoy nos aflige. Sólo tú sabes por qué. Como sólo el Padre sabía por qué no podía apartar de ti el amargo cáliz de tu pasión. Hágase tu voluntad y no la nuestra. No podemos acudir a ti como quien hace un trueque, un do ut des, esperando una intervención “mágica” que evite nuestro sufrimiento. Esto no es propio de una fe madura. Si tú no lo hiciste ¿somos nosotros de mejor condición? Pero sí que te pido, Señor de Sevilla, que nos acompañes, nos sostengas y nos reconfortes. Aunque hoy no pueda verte yo sé que tú estás sufriendo con nosotros, que no nos has abandonado. Estás en los enfermos. Estás en sus familiares y amigos. Estás en tantos sanitarios que con fe están luchando en el frente de combate. Que tu amor y tu misericordia lleguen a todos ellos, Señor. Y a todos los que te seguimos y confiamos en ti, porque sólo tú tienes palabras de Vida Eterna.

SE TE ESPERA, ESPERANZA


Se te espera, Esperanza. En esta mañana de Jueves Santo sin sol, de cielo triste y gris, sin mantillas que pasean orgullosas visitando las iglesias, sin colas para verte por la calle Bécquer, sin chaquetas con lacitos en la solapa, sin plumas de los armaos que hacen guardia en la Basílica…A pesar de todo, se te espera. Y han colocado los vecinos adornos en balcones y escaparates para que nadie se olvide de qué día es hoy.

Se te espera en calle Feria. Se te espera junto al Arco. Se te espera en la Cruz Verde y la Alameda. Y por San Juan de la Palma, y en la Plaza de los Carros. Se te espera en Sor Ángela y Espíritu Santo..…Toda Sevilla te espera, pero más aquí, en tu barrio, pese a tenerte tan cerca, que siempre que podemos vamos a verte a casa.

Sí, ya sé que este año no vendrás tú a visitarnos. Que estás encerrada. Confinada como tu gente. A través de la red puedo verte en tu camarín. Que ni siquiera hubo lugar a entronizarte en tu paso. Este año el atrio está desierto y las puertas están cerradas. Y no se abrirán. No vendrán nazarenos de negro a pedir venia alguna desde San Lorenzo. Ni la centuria hará su ronda anunciando la Madrugá.

Este año me tendré que conformar con soñarte, que es otra forma de tenerte cerca. Te soñaré girando lentamente en Resolana junto a los Altos Colegios y viniéndote hacia mí de lejos, ascua de luz en la noche por la calle ancha, hasta llegar al balcón de José, con sus mejores galas. Soñaré ver venir esos ciriales en frágil equilibrio, movidos por la bulla que se arracima delante de tu paso. Soñaré la saeta y soñaré la marcha y el rumor de tus bambalinas a compás, en ese silencio que se hace siempre cuando tú pasas, que sólo se rompe para gritarte “guapa” cuando ya alguien no puede contenerse y proclama la verdad de lo que todos estamos pensando. Te soñaré, me soñaré, caminando un ratito junto a ti, embelesado en tu rostro resplandeciente en ese trocito bajado del cielo que es el espacio que delimita tu palio, mientras se mueven las mariquillas verdes en tu pecho, que parece que vas respirando... Soñaré ver las caras de la gente que no tiene ojos nada más que para ti. Miradas que suplican, miradas que rezan. Te soñaré pasando a los sones del maestro Gámez Laserna y dejándote ir camino de Sevilla…Y luego, a la mañana, te soñaré de vuelta por Montesión, y Omnium Sanctorum y el Mercado…. Con la candelería baja, las flores arrebatadas, los mocos renegríos de la cera y una luz diferente en tu cara, pero igual de hermosa. Que de frente y de perfil, por la noche o por el día, ¡más buena moza no cabe!.  Te soñaré esperándote junto a los míos en Relator, junto a los azulejos que os representan a ti y a tu Hijo. No es extraño que en ese momento, aún en sueños, se me escape alguna lágrima, con tantas emociones ya acumuladas. Soñaré verte marchar hacia Parras, y acaso otra vez cuando pases por la esquina de mi calle, porque nunca me canso de mirarte, hasta que tu manto y último guardabrisa de tu candelabro se pierden de vista.

Estoy seguro, Esperanza, de que no nos abandonarás esta noche. Que estarás en nuestros sueños y en nuestros corazones. Que estarás en esos hospitales donde tanta falta haces. Que estarás consolando a los que sufren la enfermedad y a los que han perdido a seres queridos. Que estarás junto a los que luchan en primera línea contra el mal. A tí, Esperanza, suspiramos en este valle de lágrimas. Y después de este destierro, el año próximo si Dios quiere, muéstranos de nuevo al fruto bendito de tu vientre por las calles de Sevilla, y vuelve a mostrarte cercana a nosotros y en toda tu belleza, para que podamos  gozar otra vez de tu presencia en una nueva Madrugada. Podemos esperar un año más. Te esperaremos siempre, Macarena.