viernes, 3 de noviembre de 2017

DURA EST LEX...

Uno de los primeros principios que aprende cualquier alumno que pisa una Facultad de Derecho es el expresado en el viejo aforismo latino, proveniente del Derecho Romano,  que dice: “Dura est lex, sed lex”. No tiene nada que ver con una conocida marca de menaje para el hogar, y puede traducirse como que la ley es dura, pero es la ley.
Que la ley es dura en ocasiones, y sobre todo la penal, parece que acaba de descubrirlo ahora buena parte de la infantilizada sociedad catalana y española en general. Como ha dicho Guillermo Fernández Vara,  quizás creían algunos que esto de dar un golpe de Estado proclamando la independencia de una parte del territorio nacional era un juego. Una diversión de niños traviesos que ahora sin embargo se encuentran de bruces con la cruda realidad de las consecuencias de sus osados actos. Resulta que papá se ha enfadado y mucho. Toca gimotear.
Esta mañana he podido escuchar todo tipo de delirantes y compungidos análisis por parte de atribulados tertulianos  y presentadores de televisión (Griso, Évole, Quintana y otra serie de indocumentados mindundis que nos sermonean diariamente desde sus púlpitos) que parece que hasta ahora no habían caído en la cuenta de la gravedad del asunto y que a lo mejor pensaban que esto podía acabar de otra manera más naif, distinta  de la que por muchas fuentes con mucha más autoridad que ellos se ha venido anunciando desde hace tiempo.

Aparte de su preocupante infantilismo demuestran una alarmante ignorancia sobre lo que es el estado de derecho y la separación de poderes, acudiendo en último extremo, al manido argumento de la inoportunidad de la medida cautelar de prisión acordada por la juez Carmen Lamela. Ignoran seguramente el sentido que tiene la imagen de la justicia representada por la diosa Temis: una señora con una espada en la mano derecha  y una balanza en la izquierda y los ojos vendados. El juez tiene que impartir justicia ateniéndose a la ley y a los hechos que enjuicia, de manera imparcial, sin tener en cuenta la condición de los enjuiciados y sin  criterios de oportunidad o inoportunidad política, para los que es “ciego”. Un juez está para aplicar la ley, no para hacer política. Y la ley, en un Estado de derecho, tiene que aplicarse, fastidie a quien fastidie. A ver si esto se lo meten de una vez en sus berroqueñas y tan ligeramente amuebladas cabezas.    

viernes, 27 de octubre de 2017

EL MANICOMIO CATALÁN


La política puede decirse que es el arte de de ordenar la convivencia. Por lo tanto nada que lo que consiga sea precisamente lo contrario, esto es alterar o incluso romper esa convivencia, no es política o al menos no es buena política.

Llevamos años, incluso hoy,  escuchando a los predicadores de la progresía, los que pontifican  lo que es políticamente correcto y lo que no,  que el problema catalán tiene que resolverse a través del diálogo político. Sin embargo se da la paradoja de que todo lo que se propone desde la parte llamada soberanista, o simplemente independentista, es dialogar sobre cómo romper España y Cataluña, pues la independencia se plantea como objeto irrenunciable en ese supuesto diálogo. Por lo tanto lo que se propone  no es política sino antipolítica, ya que a lo único que lleva es, según se ha puesto especialmente de manifiesto en estos días, a la fractura social.

Por lo demás yo me pregunto ¿De qué se puede dialogar con unos tíos que se creen que son un pueblo oprimido y perseguido? ¿Se puede dialogar con unos tíos que se creen que la democracia es votar, y no cumplir las leyes democráticamente aprobadas? ¿Se puede dialogar con unos tíos que dicen  que aplicar las leyes es un golpe de estado y no lo es saltarse olímpicamente la Constitución?¿De qué se puede dialogar con unos tíos que se creen que por mayoría todo puede hacerse, incluso pisotear los derechos de las minorías?¿Se puede dialogar con quienes dan el rango de “mandato popular” al supuesto resultado del referéndum fantasma del 1 de octubre?¿Se puede dialogar con unos tíos que, en su delirio, niegan las nefastas consecuencias que su “procés” está teniendo para la economía catalana? ¿Se puede dialogar con unos tíos que llaman “pacifismo” a destrozar vehículos de las fuerzas de orden público?

Con estos tíos, y tías, no se puede dialogar ni buscar soluciones políticas. Tienen la percepción de la realidad absoluta y gravemente distorsionada. Lo único que cabe es aplicar la ley (el 155 y lo que haga falta) con todas sus consecuencias y mandarles un ejército…de psiquiatras.   


  

miércoles, 25 de octubre de 2017

FIDELIO DE SEVILLA

No estaba yo ayer en muy canónicas condiciones para ir a la ópera. Pero tendría que haber estado bastante peor, como por ejemplo estoy hoy, como para perderme el estreno de Fidelio, que abre la temporada en el Teatro de la Maestranza. Digo esto porque seguramente mi averiado estado influiría algo en la percepción del espectáculo. Los cursis de la pelota dicen que “el fútbol es un estado de ánimo”. Pues si esto es así, que lo dudo, no te digo nada la música.
Fidelio es una obra cuya acción, como se sabe, transcurre íntegramente en Sevilla, aunque igual podría hacerlo en Valladolid o en Cuenca, y cuya música comienza, salvo la obertura, en Mozart y termina en el más auténtico Beethoven.
No me gustó mucho el inicio de la orquesta, ante una de esas varias partituras que el autor escribió para abrir su única aportación al género operístico, pero luego fue creciendo hasta convertirse en uno de los triunfadores de la noche, junto con el coro, especialmente en su interpretación de la llamada “Leonora III”, mediado el segundo acto.
Las voces solistas, que sobre el papel presentaban un buen elenco, estuvieron bien, pero sin pasarse. Para  mí los mejores fueron la soprano rusa Elena Pankratova (Fidelio-Leonora) y el bajo alemán Wilhelm Schwinghammer (Rocco). En el polo opuesto estaría el también alemán Thomas Gazheli, cuyo Pizarro, aunque de voz potente,  me pareció más el malo de una película de dibujos animados que el de una ópera seria.
La escenografía de Plaza, producción propia del Teatro, que ya conocíamos de hace no sé cuántos años, es escueta. Dos enormes colchones de goma espuma, a decir de una de mis vecinas de localidad, simulando dos losas que simbolizan la opresión, representan durante casi toda la obra las mazmorras del trianero, inquisitorial y desaparecido Castillo de San Jorge.  Sólo al final, tras la liberación de los prisioneros, entra la luz más plena en escena y puede apreciarse el skyline de la ciudad presidido por la  Catedral y la Giralda, de manera que nadie puede llamarse a engaño acerca de dónde nos encontramos.
Por cierto ¿conocen ustedes a muchos sevillanos, o sevillanas, que se llamen Fidelio, o Leonora, o Florestán? Yo no sé estos libretistas qué guías de teléfonos miraban para ponerle los nombres a los personajes.

domingo, 1 de octubre de 2017

EL REFERENDUM DEL TRES POR CIENTO

A esta hora de la tarde del 1 de octubre de 2017 este blog está en condiciones de adelantar a sus lectores en exclusiva el resultado del referéndum (o lo que sea) que se está celebrando hoy en Cataluña con absoluta anormalidad democrática.

Este resultado lo tiene ya desde hace días el sedicioso Puigdemot el Pilós en un sobre (dónde si no) que guarda celosamente en un cajón de su mesa de despacho, y que se hará público al final de esta infausta jornada, una vez que haya terminado la farsa de las votaciones en cubos de basura, sin censo, con mesas constituidas de aquella manera, sin interventores, sin papeletas,  sin control, sin nada, que para imponer una cacicada no son necesarios tantos remilgos.

Pero nosotros nos hemos adelantado,  gracias a la habilidad investigadora de  nuestros colaboradores,  y vamos a publicar antes de tiempo el escueto contenido de dicho documento, que dice así:

“¡Se sienten, coño!

Vamos a dar lectura a los resultados del referendum.

Una vez escrutado todo lo escrutable el resultado es el siguiente 

Votantes sobre el total del censo electoral………..…...….3%
Votos válidos emitidos …………………………………..3%
Votos nulos……………………………………………….3%
Votos en blanco………………………………..…………3%
Votos SI…………………………………………………..3%
Votos NO…………………………………………………3%

Por consiguiente, y según ya estaba previsto,  queda proclamada la independencia de la República Catalana de los mangantes del 3%.”


Así que ya saben, pueden ahorrarse el estar pendientes del “recuento” y dedicar su tiempo de esta tarde de domingo a ocupaciones más placenteras. Y D. Mariano Rajoy, cuando se levante de la siesta, y lea esta exclusiva, ya puede ir pensando  si ya es hora de dejar de abochornarnos a los españoles con su indolente dejación de responsabilidades.

miércoles, 2 de agosto de 2017

LA GUERRA

Aprovechando que el lunes estaba de rodríguez, algo a lo que los de nuestra generación no estamos tan acostumbrados como los de la de nuestros padres, me atreví a echar una canita al aire, y me fui al cine…yo solito.
Tenía interés en ver Dunkerque, la última creación de Christopher Nolan, de la que había leído elogiosos titulares de comentarios y críticas en los periódicos que se hacen eco de su estreno. Además la daban en mi sala favorita: el viejo cine Cervantes de la calle Amor de Dios.
Allí estábamos, a la hora de la última proyección, seis personas contadas perdidas en la inmensidad del patio de butacas del añejo  teatro. Adelanto que la experiencia no fue del todo satisfactoria. Dunkerque es sin duda una gran película, pero una gran película de cine bélico. Y a mí a estas alturas el cine bélico me empacha un poco. Prefiero otras músicas, de percusión incluso, distintas de la de las bombas y las ráfagas de ametralladora. Y en Dunkerque hay mucho de esto, aunque la banda sonora también es notable. Pocos aunque buenos diálogos y acción, mucha acción. Recuerdo que en  mi infancia me fascinaron películas como Objetivo Birmania, mítica para mí porque mis padres no me querían dejar  verla una vez que la echaron en la tele por aquello de los rombos (¿recuerdan?).  Yo sabía que Dunkerque iba de guerra (de qué si no), pero esperaba otro enfoque no tan guerrero. Grandes películas hay en torno a la guerra donde no salen tantos tiros.
La película nos muestra el horror de la guerra, por tierra mar y aire. Y aún así lo hace de una manera plástica, de gran estética. Nada que ver con las guerras de verdad que acostumbramos a ver en los telediarios, desde Siria a Irak, desde Afganistán a Bosnia. Indudablemente es una película de una factura técnica impecable, con unas escenas y una fotografía sorprendentes. Es por esto que este tipo de cine ejerce esta atracción, más si lo ves en pantalla gigante, de las de antes. Por esto y porque, quiero pensar, que junto al horror están las historias de valor, de sacrificio y de abnegación gracias a las cuales el mal se mantiene a raya y termina siendo vencido. Esto es algo que a algunos todavía nos seduce, aunque vivamos en una sociedad cada vez más entregada y hedonista, no se yo si tan dispuesta a defender “nuestro hogar” como lo hicieron aquellos héroes, hombres y mujeres, que no se dejaron avasallar por el totalitarismo.

Ojalá no hubieran sido necesarios   tantos héroes porque no hubiera habido tantos villanos. La guerra es mala, horrenda, atroz. Pero hay “paces” que son peores.

lunes, 5 de junio de 2017

EN LEGÍTIMA DEFENSA

Domingo. Sobremesa. Corre una ligera brisa de poniente que aplaca la temperatura y hace aún más agradable la charla entre amigos bajo las ramas susurrantes del viejo olmo. En la conversación surge el tema del atentado de Londres. El último. El del día anterior mismo. Expreso la idea, que cada vez veo más clara,  de que quizá haya que ir planteándose si es posible que nuestro justamente venerado estado de derecho no sirva para combatir esta barbarie del terrorismo islamista. Quizá haya que acudir a otras formas, con menos melindres,  que nos protejan de manera más eficaz frente a estos asesinos. Son cosas que no está bien visto que se digan públicamente. Como era de esperar mi planteamiento suscita más bien rechazo. La mayoría está aún en la corrección política. La que expresa, por ejemplo, el sr alcalde de Londres, para quien “no hay razón para la alarma” pues los atentados terroristas “son parte de la vida” de las ciudades. Defendámonos pues con velitas, globitos y flores. Lloremos a las víctimas y esperemos las siguientes.
Horas después, ya cae la tarde. En la tranquilidad de la azotea de mi casa, mi refugio favorito en esta época del año, leo algo que viene de alguna manera a apoyar mi idea anterior. No se trata de ningún tarambana descerebrado, ni de ningún extremista. Se trata de un premio Nobel de literatura. El novelista húngaro Imre Kertész, superviviente del  horror nazi en Auschwitz. Dice Kertész (La última posada, Acantilado, 2016) cosas como esta:
“..Europa pronto sucumbirá por su antiguo liberalismo, que se ha revelado suicida y pueril. Europa ha creado a Hitler y después de Hitler se ha quedado sin argumentos: se han abierto las puertas al islam, ya no se atreven a hablar de razas y de religiones, mientras que el islam no conoce otra lengua que la del odio a otras razas y religiones….
Se dice que los musulmanes inundarán y luego se apoderarán de Europa, en pocas palabras, la destruirán; se trata de cómo maneja Europa todo esto, del liberalismo suicida y de la estúpida democracia; chimpancés con derecho a voto. El final es siempre el mismo: la civilización alcanza un grado de excesivo desarrollo en el que no sólo es incapaz de defenderse, sino que ni siquiera lo quiere; en el que, de una manera irracional, adora a sus propios enemigo”.

Pienso que ya va siendo hora de que hagamos algo en serio para evitar que esto ocurra. Incluso aunque ello suponga superar determinadas barreras y límites que nos hemos impuesto y de los que ellos, los bárbaros, se aprovechan. Es lícito hacerlo en legítima defensa.    

martes, 30 de mayo de 2017

ESCENAS DE LA BOHEMIA PARISINA

Place du Tertre. Montmartre. Paris.
Si alguien a quien no le gustase mucho la ópera me preguntase, yo le recomendaría probablemente La bohème. Y si no le gustase La bohème, le recomendaría que fuese al médico, a ver si tiene cura. Ópera cortita de duración, con historia romántica y sencilla, de alegre inicio y triste final, de los que hacen llorar, ambientada en la siempre evocadora ciudad de París, música con encanto y pegadiza -¿quién no ha entonado alguna vez Che gelida manina, Mi chiamano Mimí o el vals de Musetta?...- Son los ingredientes que han hecho de esta obra de Puccini una de las más representadas y populares del repertorio. Tan es así que aquí en el Maestranza ya se ha representado en varias ocasiones antes de que el pasado domingo tuviera lugar una nueva première de este título con el que se  que cierra la presente temporada. Recuerdo especialmente la primera, con aquella producción de Franco Zeffirelli que levantaba los aplausos del público nada más subir el telón del rutilante segundo acto. En esta ocasión el regista es también italiano. El turinés Davide Livermore, uno de los más acreditados en el panorama actual, creó esta producción para Les Arts de Valencia. Livermore no necesita hacer cosas raras para contar estas escenas de la vida bohemia, a cuyo libreto es absolutamente fiel. Para ir ambientando y realzando la expresión de cuanto ocurre en las tablas le bastan los medios técnicos y el color, mucho color salvo en el frío tercer acto, de la mano de los pintores que hicieron de la Ville Lumière el centro mundial de su arte en el siglo XIX. Resultó espectacular, tanto escénica como musicalmente, el segundo acto, largamente aplaudido por el público, en esta ocasión al final del mismo. En el foso, de nuevo Pedro Halffter, que firmó un gran trabajo al frente de su ex orquesta, si bien a mi juicio en ocasiones abusa un tanto del volumen. Especialmente en el cuarteto del tercer acto me resultó difícil escuchar cada una de las voces entre tanta masa orquestal. Claro que ustedes pueden decir que a lo mejor estoy mal del oído. Es posible. Pero si así lo piensan, mejor no sigan leyendo, porque lo mismo se puede decir de lo que viene a continuación. Sigo. El elenco vocal estaba formado por un ramillete de buenos intérpretes hispanos, incluidos los dos excelentes coros, del propio teatro y de la Escolanía de Los Palacios, con el aditamento de la soprano rumana Anita Hartig, exitosa Mimí en diversos escenarios internacionales, que hizo gala de su voz idónea para el personaje, aunque para mi gusto debería poner más emoción en la interpretación. Especial mención me merecen los onubenses Juan Jesús Rodríguez y David Lagares, en sus papeles del pintor Marcello y el músico Shaunard. También es andaluza Musetta, personificada por la granadina María José Moreno, que se lució en su famoso número. Fernando Radó hizo un buen elogio del viejo gabán de Colline, antes de llevarlo a vender. En cuanto a José Bros, de quien recuerdo entre otras interpretaciones una de nuestro Miserere hace ya bastantes años,  nos ofreció su hermosa voz de timbre brillante y limpio, si bien un tanto ligera para el papel de Rodolfo, lo que hizo que sonara como raspada en algunos pasajes.

La vida bohemia es bonita, pero se pasa hambre y privaciones. Es lo que les ocurre a los protagonistas de nuestra historia. Claro que a veces, para dedicarse a la creación y al arte hay que renunciar a todo lo demás. Y eso que en aquella época no había un malvado Montoro que hostigara a los artistas, como al resto de los mortales, con el odioso IVA. Esperemos que su reciente reducción se note en los precios de los abonos de la nueva temporada, y podamos seguir asistiendo a tan satisfactorios espectáculos.