martes, 19 de agosto de 2014

VERANO DEL CATORCE


Estamos en 2014 y van pasando uno tras otros los plácidos días del verano. Hace exactamente un siglo el escritor austriaco Stefan Zweig daba cuenta de sus despreocupadas vacaciones de aquél otro año 14 en Ostende: “los turistas se tumbaban en la playa junto a sus casetas de colores brillantes o se bañaban en el mar, los niños hacían volar sus cometas, los jóvenes bailaban junto a los cafés o en el paseo junto al muro”. Todo transcurría con anodina normalidad, aunque de vez en cuando llegaban hasta allí los ecos de la amenaza de conflicto armado que se cernía sobre ellos - igual que hoy llegan a nosotros, en el relativo relax de nuestro descanso veraniego, las terribles noticias de la guerra en Irak, en Gaza, en Ucrania...- sin que no obstante esos sobresaltos puntuales fuesen suficientes para alterar el ritmo de las ocupaciones propias de los veraneantes que de las más diversas nacionalidades allí se habían dado cita. Sin embargo, “..de repente -recuerda gráficamente Zweig- una fría ráfaga de terror sopló sobre la playa despoblándola por completo”. El asesinato en Sarajevo del emperador Francisco Fernando de Austria el 28 de junio de aquél año fue el detonante de una serie de fatales decisiones que llevaron a los países de la civilizada y desarrollada Europa a la guerra más feroz y devastadora conocida hasta entonces, que acabó teniendo una dimensión mundial.
Dado lo llamativo de la efemérides, y el tiempo libre que me permiten las vacaciones, me ha parecido oportuno dedicar buena parte de ese tiempo a rememorar y profundizar en las raíces y desarrollo del conflicto, escogiendo para ello el voluminoso libro escrito para la ocasión por la prestigiosa historiadora británica Margaret MacMillan con el título “1914. De la paz a la guerra”(Turner, 2013). En él MacMillan se centra, con admirable minuciosidad, sobre todo en analizar las causas y antecedentes que condujeron al conflicto desde algunas décadas atrás. Cómo un mundo que parecía haberse encaminado por la senda de la paz y del progreso se vio abocado a las más terribles pesadillas que nos trajo el s. XX, iniciadas precisamente por esta conflagración. El relato, a pesar de su prolijidad, es verdaderamente fascinante. MacMillan no se limita a los hechos, sino que se detiene en describir los ambientes social y político imperantes en cada una de las principales potencias del momento -entre las que desde luego no estaba España-, recordar algunas de las ideas predominantes que alentaban la belicosidad (nacionalismo, honor patriótico, darwinismo social, militarismo, etc, frente al débil movimiento pacifista) y especialmente en indagar la personalidad de los principales actores políticos y militares en una época en que el poder, y por lo tanto las decisiones trascendentes, estaba, bastante más que ahora, concentrado en manos de un reducido ramillete de individuos.
             En las casi ochocientas páginas del libro MacMillan maneja con soltura una gran cantidad de información, que va sin embargo exponiendo de forma amena y asequible para el lector medio. Por él pasan desde los fastos del jubileo de diamantes de la reina Victoria o la Exposición Universal de París de 1900 a los ecos de las guerras precedentes más inmediatas (desde las napoleónicas, a la de los bóxers, los boers, Crimea, franco-prusiana o ruso-japonesa); la formación de los bloques contendientes (la triple alianza de Alemania, Imperio Austrohúngaro e Italia, frente a las ententes entre antiguas rivales como Gran Bretaña, Francia y Rusia); el desmoronamiento de los vetustos imperios chino, otomano y persa, que despierta la avidez de las potencias occidentales sobre sus territorios; el debilitamiento del imperio británico, tan extenso como desperdigado, enfrentado a la creciente pujanza de la recién nacida Alemania, y la carrera armamentística naval emprendida por ambos; el problema surgido por el control de Marruecos; los cambios tecnológicos, estratégicos y logísticos en el campo militar; el surgimiento de nuevas potencias extraeuropeas como EEUU y Japón; las relaciones de familia que unían a los monarcas de Gran Bretaña, Alemania y Rusia; el conflicto aún latente de los Balcanes, causa última e inmediata que desencadena la contienda; los retratos del káiser Guillermo, el emperador Francisco José -también el de su amada y popular Sissi-, del archiduque Francisco Fernando -paradójicamente uno de los mayores defensores de la paz, cuya muerte desencadenó la guerra-, del zar Nicolás, de sus principales ministros y asesores militares y diplomáticos (Tirpitz, Delcassé, Salisbury, Fisher, Witt, Grey, Büllow, Joffre, Poincaré, Berchtold, Asquith, Moltke, Bethmann, Conrad, Schlieffen, Sujomlínov, Aehrenthal...) Un libro en suma en el que más que un relato bélico lo que se recoge es el testamento de un mundo, sobre todo de sus clases dirigentes, que -con todos sus problemas y complicaciones- se las prometía felices tras varias décadas de relativa paz, y que sin embargo fue empujado insensatamente a venirse abajo con estrépito en aquél sangriento verano del 14, en que se apagó la luz en Europa y el orbe entero fue cubierto por una tenebrosa tiniebla. Cien años después la guerra aún no ha sido desterrada por la humanidad como método bárbaro de resolución de sus diferencias.

 

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