lunes, 13 de febrero de 2017

UN CUENTO MASÓNICO

Juan Carlos Muñoz. Diario de Sevilla.
Por fin un título que agota las localidades para sus cuatro representaciones desde días antes del estreno. Pero Wolfgang ¿qué les das? No pensaba yo que “La flauta mágica” tuviese tanto tirón ¿O es que se ha acabado, por fin, la crisis? Motivos ambos para alegrarnos, en cualquier caso.
A pesar de todo, alguna deserción hubo entre el público. Hacía falta tener ganas de ópera para moverse de casa en una tarde de perros como la de ayer. Máxime si, como en mi caso, andaba uno, al calor del hogar, enfrascado en la lectura de un novelón como “Patria”. Pero cuando se saca el abono es difícil predecir la meteorología, así que chaquetita y corbatita, en honor de los “trabajadores de la cultura”,  y caminito del Maestranza, donde nos esperaba el reino de la luz y de la verdad, desafiando, cual Tamino,  a los elementos y a lo mal que están hechas las calles en Sevilla. ¿Dónde estaban los funcionarios municipales el día que recepcionaron el acerado del Paseo de Colón?¿De parranda? ¡Qué chapuza!¡Con lo estrictos que son para otras cosas!¡No se pueden juntar más charcos en menos espacio! Por cierto, que recomendaría a la dirección del teatro que pusieran unas maquinitas de esas que hay en las tiendas –o en el Museo de Bellas Artes-  para enfundar los paraguas, y así no poner el vestíbulo hecho un asco cuando llueve.
Un elenco muy nacional (sólo dos voces foráneas) y muy joven el que se anunciaba. Tanto que no tenía referencia de la mayoría de sus integrantes. Apuesta arriesgada a la vez que inteligente, pues el conjunto fue muy notable. Los que más me gustaron fueron sin duda Papageno (Peter Kellner) y Pamina (Erika Escribá). También Monostatos (Mikeldi Atxalandabanso). Más limitados vi a Tamino (Roger Padullés), Sarastro (Javier Borda) y la Reina de la Noche (Sara Blanch), aunque defendieron bien sus papeles. Los demás solistas y coro también cumplieron sobradamente. Y sobre todo me encantaron los niños de la Escolanía de los Palacios ¡qué nivel!¡qué soltura!¡qué manera de cantar! La orquesta, con Halffter de nuevo al frente,  estuvo menos brillante, más irregular que otras veces, pero en todo caso foso y voces consiguieron momentos de gran belleza. La producción traída del Teatro Regio de Turín me pareció un poco ñoña, pero funcionó. Sin alardes, pero también sin excentricidades.
“La flauta mágica” es una sucesión de hermosas melodías, un derroche de creatividad mozartiana al servicio de una historia, que es como un cuento,  que, según dicen, encierra un ritual de iniciación masónica. La historia de un camino iniciático que conduce a la sabiduría y a la felicidad. Todo muy bonito. Pero al mismo tiempo hay que darse cuenta de lo machistas que eran estos masones, si es que Schikaneder, masón él como Mozart, se refería  realmente a ellos en este singspiel. Aparte de continuas exaltaciones de la virilidad, se pueden encontrar en el libreto algunas perlas como estas:
-“¿Así que te ha ofuscado una mujer? Una mujer hace poco y charla mucho” le reprocha el Orador a Tamino. O “un hombre debe guiar vuestros pasos pues sin él suelen las mujeres sobrepasar la esfera que les corresponde”, que le espeta Sarastro a Pamina. O esta otra: “Pura palabrería, repetida por mujeres..” según explica Tamino a Papageno  para desacreditar las acusaciones contra Sarastro.

Esto dicho en alemán pasa desapercibido para los que no entendemos la lengua de Goethe, y nos quedamos con lo bonito de la música. Pero en las traducciones se puede leer. A lo mejor por eso le tenía tanta inquina la Reina de la Noche al machista Sarastro. A veces las ideas más aparentemente luminosas esconden grandes sombras. A ver si va a resultar ahora que la reaccionaria reina es la buena y el sabio misógino el malo. A ver si va a resultar ahora que Donald Trump, aunque sabio no parece,  es masón.

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