sábado, 21 de marzo de 2015

EL PÚBLICO

        “El público” es el título de una obra de teatro surrealista de Federico García Lorca que sirve de base al libreto de Andrés Ibáñez para una ópera  con música de Mauricio Sotelo recientemente estrenada en el Teatro Real de Madrid, uno de los últimos proyectos del malogrado Gerard Mortier. Lorca trataba en esta obra, probablemente por primera vez en España, el tema de la homosexualidad masculina. Una pieza por tanto provocativa, que tardó cincuenta y seis años en estrenarse, con la que el poeta  granadino pretendía  apartarse del teatro convencional burgués y adentrarse en el  drama de lo real y auténtico, pero que no siempre se ve: lo que llamaba “el teatro bajo la arena”. Lorca consideraba que uno de los mayores problemas para la renovación del teatro era precisamente el público, de ahí el título, ese público burgués y convencional, reacio a apartarse de esos convencionalismos.
Pero no iba a hablar del estreno mundial de esta obra, sino de otro estreno, en este caso en España, de la también ópera contemporánea "Doctor Atomic", de los estadounidenses John Adams (música) y Peter Sellars (libreto), en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Ya escribí acerca de lo que me pareció la representación el día de su estreno. Creo que ha sido sin duda uno de los acontecimientos culturales del año en nuestra ciudad el hecho de que por primera vez  hayamos podido asistir aquí a la puesta en escena de una ópera del siglo XXI. Cosas como esta, o como la  representación del ciclo completo del Anillo, son de las  que marcan las diferencias. Una "Traviata" o una "Bohème" (ojo, que me encantan Verdi o Puccini) se representan con producciones y elencos baratitos en cualquier teatro de provincias.  Pero esto  es otro nivel. No son tantos los teatros del mundo que programan ópera contemporánea. De hecho, la de Adams había sido representada anteriormente desde su estreno (2005) en no más de siete escenarios.
El problema estriba precisamente en el público. Al público tradicional de ópera no suele gustarle la contemporánea –como seguramente al público de su tiempo no le gustase el teatro vanguardista de Lorca- y eso hace que se programe poco. Quizá precisamente por esto, cuando se anunció la sorpresiva inclusión de “Doctor Atomic” en la programación de la temporada 2014-2015 se adujo que era una oportunidad para atraer nuevos públicos. Incluso creo que se contempló  la posibilidad de añadir una cuarta representación, a las tres previstas inicialmente, para un público más joven. La verdad es que pese al magnífico resultado artístico, el experimento, desde el punto de vista “comercial” no ha tenido mucho éxito. El día del estreno, a las siete de la tarde quedaban en taquilla 363 entradas,  y en las dos representaciones siguientes han debido de quedar sin venderse del orden de setecientas en cada una de ellas, sobre un aforo de mil ochocientas localidades, y eso incluso después de promocionar con descuentos del 75% para los jóvenes menores de veintiséis años. Entonces yo me planteo: ya sabemos que al que le gusta Mozart o Bellini no tienen por qué gustarle Adams o Glass, pero ¿dónde está esa Sevilla que siempre se queja de que aquí sólo se promociona lo que ellos consideran cutre o casposo? ¿Es que no era esta una  oportunidad para haber abarrotado el teatro reivindicando la apertura a la vanguardia? La ocasión era perfecta: música actual, tema con compromiso político….¿No será que esos que tanto se quejan no son tantos? En contraposición, mañana domingo el Maestranza volverá a llenarse sin duda, pero esta vez con un público muy diferente. Será la Sevilla tradicional y cofradiera  la que lo tome para escuchar el Pregón de Semana Santa. Les guste o no a los señores de la gauche divine sevillana esto es lo que hay: esta es la mayoría social en Sevilla, que merece todo el respeto.

Afortunadamente para mi soy un melómano de amplio espectro. Puedo disfrutar tanto con la banda del Maestro Tejera como con la música culta actual. Pero tenemos que reconocer que a día de hoy esta última tiene escaso público en Sevilla. En estas circunstancias, yo aplaudo la iniciativa de los responsables del  Maestranza que se han atrevido a marcar este hito en la historia musical de la ciudad,  y confío en que a pesar de la falta de público  -habrá que irlo consiguiendo poco a poco- la representación de este tipo de obras se vaya haciendo habitual entre nosotros. Algunas de ellas es posible que lleguen a ser clásicas en el futuro, y hay que estar en él desde ya.       

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